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La tristeza arrasa y crea mi ser


La tristeza nos ayuda a mirar hacia adentro, a ser introspectivas y nos viene a decir que debemos revisar algo. ¿Pero, qué es lo que debemos revisar cuando la tristeza se apodera de nosotras? ¿Qué podemos aprender de ella?

Cuando a mediados de marzo decretaron en España la alerta sanitaria, comenzamos el estado de alarma, no era consciente de la envergadura de lo que iba a venir, en ese momento pensé que serían unas semanas de confinamiento, de estar aislada de contacto social físico, y que poco a poco retomaríamos la “normalidad”, pero la realidad no fue esa.

Lo que pasó fue que iban pasando los días, y cada noticia era peor que la anterior, no podíamos hacer nada, sólo quedarnos en casa para protegernos y proteger a los demás. Si cuando empezó 2020 me hubiesen dicho lo que íbamos a vivir, probablemente no lo hubiese creído.

La tristeza de la traición


Muchos creen que aquellas personas que trabajamos y nos preparamos en el área del desarrollo personal y empoderamiento no nos enfrentamos a problemas o dificultades y esto es completamente falso.

Todos nos enfrentamos a desafíos, problemas y dificultades diariamente, pero lo que nos diferencia es la forma como tendemos a vivir esos momentos.

En este espacio abro mi corazón y te cuento sobre cómo viví la tristeza de la traición.

Según la RAE, la traición se define como una falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

Lo agotador que es vivir de la aprobación



Buscamos ser aprobadas porque desde pequeñas lo hacíamos, como no te percibías a ti misma, lo hacías a través de tus padres (o los responsables de tu crianza) que eran como un espejo del “yo”, y si notabas que ellos hacían buena cara a partir de tu proceder, algo dentro de ti sentía la aprobación de esos actos; y si veías que habían cosas que los hacía enojar, estabas al tanto de tu mal comportamiento y por ende de su desaprobación; pero si todo el tiempo ellos estaban enojados, te regañaban, te cuestionaban, te exigían y además eran muy demandantes, concebiste entonces que no eran tus actos los que estaban mal, sino tú.

A raíz de esto introdujiste en tu creencia de vida que no bastaba con ser tú, por lo que siempre tuviste que hacer cosas extras para sentirte amada, aprobada, aceptada.

Si tu historia se parece a lo antes descrito o al menos toca algunos rasgos, has generado en ti la creencia de que siempre tienes que hacer algo más para que te quieran, y si no haces lo que el otro dice, tienes la certeza de que te van a desaprobar.

Segunda actitud a cambiar: No reprochar


Hace unas pocas semanas comencé un trío de lecturas que he titulado actitudes a cambiar, pero que fácilmente pueden llegar a ser mandamientos de vida y que están muy ligados con nuestro lenguaje y pensamientos; es importante aclarar que cuando escribo sobre crecimiento personal no estoy intentando enseñar a sentir, estoy intentando aprender a expresar lo que siento, así que si tú al igual que yo procuras a diario trabajar en ti para ser una mejor persona, tal vez no te habías percatado que estas actitudes hasta pueden pasar desapercibidas, y sin darte cuenta, te están haciendo mucho daño y están afectando tu entorno. La primera lectura lleva como nombre No subestimar y he denominado a este segundo mandato No reprochar, y a continuación lo voy a desarrollar.

El reproche es un discurso que asumimos como normal y que va en contra de la verdadera esencia del amor, nos vincula con el pasado y se funda muchas veces a partir de silencios prolongados que reafirman el desencuentro entre dos personas, sean éstas parejas, padres e hijos, amistades o familiares cercanos, y además siempre lleva consigo un tono de hostilidad y agresión que genera retracción en el reprochado.

Primera actitud a cambiar: No subestimar



Voy a desarrollar en tres lecturas distintas, tres actitudes que debemos cambiar y que tengo la certeza son fundamentales para poder vivir en plenitud y alcanzar el desarrollo personal que tanto deseamos, además de lograr relaciones armoniosas con los seres que amamos y con aquellos que son parte de nuestra cotidianidad, por lo que he denominado a la primera de ellas: No subestimar. Son como una especie de mandatos de vida y es por ello que irán redactados con el verbo en infinitivo y de forma imperativa... Comencemos.

Tenemos la errada costumbre de ir por la vida cuestionando el merecimiento, no solamente el propio, sino el ajeno, pareciera que nos encanta ir en contra de las creencias y capacidades de lo que podemos lograr y de lo que otros pueden llegar a ser o tener, sin darnos cuenta que todos los seres humanos nacemos con una misión específica de vida y desarrollamos para ella dones infinitos que podemos llegar a convertir en potencialidades inimaginadas, y lo único que tenemos que hacer es creer, no más, solo creer; pero de pronto alguien te subestima con comentarios hirientes, y pueden pasar dos cosas, demostrarle lo contrario o creerte la no valía, puedes tomar la subestimación como impulso o dejar que te arrope y nunca descubrir si realmente lo lograrías.

Mi relación conmigo



Desde pequeñas nos enseñaron a relacionarnos, nos dijeron que debíamos ser buenas hijas, buenas hermanas, buenas nietas, buenas primas, buenas amigas, buenas compañeras; pero nadie le dio nombre a nuestra relación personal y mucho menos a que debíamos ser buenas con nosotras mismas, al parecer nos incitaban a socializar y nos cuestionaban cuando queríamos pasar nuestros días de puertas cerradas hacia la vida.
Recuerdo mi maravillosa infancia, la mayoría del tiempo vivía inmersa en mi propio mundo, mi madre dice que podía pasar horas y horas encerrada en mi habitación jugando con mis juguetes y que así tranquilamente se me podían ir los días, estaba en comunión conmigo y era feliz sin saberlo, el problema estaba cuando tenía que ir a compartir, por aquello de tener una familia numerosa (y cuando digo numerosa es porque te estoy contando que somos 51 primos hermanos solo por parte materna), por lo que el tema de socializar era recurrente, así que mientras crecía poco a poco me fui olvidando de esos espacios a solas y empecé a conjugar mi vida en plural rodeada de tantos, y así me fui olvidando de esa mágica relación que tenía conmigo.

También sé reírme



Hace algunos meses alguien a quien amo mucho me dijo que siempre veía en mis escritos a una Eliana triste y no a una persona que también saber ser alegre y ocurrente, tal vez esto sea porque cada vez que escribo saco a relucir mi lado más reflexivo y filosófico y descarto del todo a esa yo chistosa que ríe a carcajadas y adora de vez en cuando ser la humorista de las reuniones.

Pero sí, también sé reírme, también suelo ser jocosa e irreverente, impulsiva y burlista, es que no solo me gusta reír sino hacer reír a los demás, siempre digo que si se me hubiese presentado la oportunidad sería capaz de subirme a un escenario y ridiculizar a algún personaje y hacer caras graciosas hasta que todos mueran de risa, de hecho cuando cuento chistes (que es mi gran especialidad) me encanta dramatizar y hacer en la historia desenlaces improvisados, exagerados y llenos de humor.

Cómo la gente te ve



Es cierto, a donde quiera que vayamos o donde sea que nos encontremos siempre estaremos rodeados de personas que nos amen y personas que nos detesten, y esto ocurre porque todos tenemos una percepción distinta de la vida, estarán los que noten tus lados buenos, y otros, los no tan buenos; porque si hay algo de lo que debemos estar seguros, es que nuestras partes oscuras existen y muchas veces salen a relucir y hay algunos que las notan y otros que no las perciben, tal vez porque aquel que se fijó o identificó con tus partes lumínicas no tuvo la necesidad de profundizar para descubrir aquellos lugares tuyos en los que no iluminas tanto desde tu personalidad y tu forma de enfrentar la vida.

Cuando alguien te comienza a distinguir desde tus lados oscuros, es difícil que llegue a conectarse con tus partes buenas, estas personas se quedan con una sola percepción y comienzan a enviarnos mensajes que lo más probable es que rechacemos y hasta nos pongamos en el papel de victimas de sus desagravios como un mecanismo de defensa propia y tomemos esa actitud como una condena, pero si comprendes que en muchas oportunidades las personas que forman parte de nuestras vidas pueden ver cosas de nosotros de las que quizás hasta ahora ni nosotros mismos nos hemos visto, y puede incluso que resultemos ser un espejo en el que el otro va descubriendo sus lados no tan buenos, entonces sabrás que cada persona vino a ti para hacerte ver partes tuyas muy intrínsecas, a través de lo que el otro te muestra y de lo que ti percibe.

El día que te aceptas


Muchas veces olvidamos lo valiosas que somos debido a experiencias o declaraciones erróneas que terminan distorsionando nuestra esencia verdadera, cuando elaboras imágenes de ti en distintas escenas de la vida, puede que en muchas te descartes como un ser valioso a partir del concepto equivocado que alguien tuvo de ti y te lo hizo saber sin cautela ni empatía, y lamentablemente lo acogiste como una creencia personal y decidiste llevarlo arraigado a lo que piensas de ti y a tu concepto de la vida.


¿En qué momento del vivir nos perdimos de nosotros mismos? Las experiencias duras nos preparaban para llegar a la etapa plena de nuestro crecimiento como seres humanos, pero sucede que a las dificultades en vez de tomarlas como oportunidades, las vemos como castigo, entonces en vez de tomar esos episodios para amarnos y cuidarnos y acercarnos a nosotros mismos, lo que hacemos es que nos abandonamos y nos alejamos de quienes somos, y en vez de enriquecernos, nos vamos escaseando de amor propio, dignidad y auto respeto.

Las ventanas de la vida


Imagina por un momento que tu vida es una casa llena de ventanas y que alcanzar la plenitud significa que todas estas ventanas estén abiertas, cuando hay rencores, reproches y egoísmo, muchas de esas ventanas permanecen cerradas, si andas en la búsqueda de las profundidades de tu ser, comprendes que la casa interior debe estar iluminada, un hogar con ventanas abiertas es un espacio por donde el aire corre, las cortinas se levantan y el bienestar te alcanza.


Cada experiencia de tu vida crea de inmediato una cerradura y por ende una ventana, cada ventana es una ventaja, una perspectiva, un camino andado, una posibilidad para abrir aquellas ventanas que por mucho tiempo han estado cerradas, date cuenta que por dentro eres un cumulo de emociones anidadas, que pasado el tiempo y luego de haberse quebrado algunas esperanzas, hay ventanas que se te quedaron entre abiertas, cerradas o rotas.

La nueva mujer romántica


La mujer que crea que con su amor puede cambiar a los demás sin primero haber intentado cambiarse a ella misma, es una antigua mujer romántica, y digo antigua por no decir arcaica ni retrograda, la mujer de antes jugaba a hacerse la indispensable para que no la dejaran de amar, la de ahora, ha descartado de su vida la palabra necesidad.


Si por mucho tiempo te has empeñado en darle a ese hombre lo que eres incapaz de darte a ti misma, si has perdido conexión con tu ser por desbordarte de amor y sacrificarte por el mismo motivo, has llevado tu concepción de romanticismo al lugar equivocado.

Sé que ya te lo he dicho antes, pero es importante recalcarlo, el mejor romance de tu vida es el que tengas contigo misma, los caminos hacia tu corazón solo los conoces tú, y al tenerlos claros, podrás conducir a quien llegue a tu vida, o a quien ya se encuentre en ella, a los linderos de tu alma para ratificar la felicidad que tú ya posees.

Trabajando duro o durando en el trabajo


Crecer profesionalmente es parte del éxito de cada quien pero no es el único peldaño para alcanzar el éxito, un ser integral es aquel que sabe equilibrar su vida para que todo quepa, la familia e incluso el ocio son esenciales para el desarrollo humano y el bienestar de las personas.


Para que una empresa crezca y dé los mejores resultados, debe procurar que sus empleados permanezcan el tiempo justo cumpliendo sus labores, pero si las instituciones siguen aplaudiendo a los que se quedan en largas jornadas laborales hasta que los ojos irritados del cansancio no den más por las tantas horas frente al computador, y desalienten a los que cumplan un horario, a la larga tendrán dentro de su nómina gente frustrada o enfermos que piden reposos para alejarse de sus puestos de trabajo porque el cuerpo les exige descansar.

Detenerse para continuar


El ruido de la vida no nos permite detenernos, la exacta cotidianidad nos dice que así como todo transcurre está bien para ella: a la misma hora el despertarnos, el mismo tiempo perdido en el tráfico, las mismas reuniones, el idéntico trajín para regresar a casa; pareciera que a la autómata estabilidad no le gustara que le muevan nada de sitio en su diario vivir.
Pero cuando te detienes y te sales de ese entorno y lo miras desde afuera, te das cuenta que por mucho tiempo lo acogiste como tu zona de confort, te mentiste por una larga temporada y te dijiste a ti mismo que allí todo estaba bien, que justo así como los días transcurrían eran perfectos para ti.

Buscando el amor propio



Ya llevo rato haciendo una búsqueda que pareciera fuese fácil pero es definitivamente cuesta arriba, hay diversas teorías sobre lo que es amarse a uno mismo, pero siempre termina siendo una experiencia muy personal, íntima y profunda que no puede compararse con la de nadie más. Cuando se habla de buscar el amor propio es preciso seguir ciertas rutas, caminos que nos parecen intransitables y angostas calles empedradas que muchas veces preferimos evitar y tomamos la vía mas fácil, esa que precisamente nos aleja de nosotros mismos.

Hagamos un ejercicio e imaginemos que tenemos en nuestras manos un mapa que nos indica cómo llegar hacia el amor propio, en él se destacan algunas estaciones donde debemos detenernos y aprender ciertas cosas para seguir nuestro destino. La primera estación se llama “Aceptarnos sin juzgarnos”, nada más el nombre mueve algo en nosotros y nos provoca un extraño ruido que decidimos ensordecer tomando otro camino. En esta estación debemos aceptar nuestra mente, emociones, esperanzas, sueños, la personalidad única que nos caracteriza, y lo más importante, aceptar nuestro cuerpo tal como es, así que sin rechazarnos ni sabotearnos la felicidad, la libertad y el amor, podemos continuar el camino.

Los hijos: compañeros de la vida



Ser padres es uno de los mejores roles que podemos asumir en la vida, un hijo es la mejor persona que podemos llegar a conocer. Cuando nos convertimos en mamas desbordamos el amor que no sabíamos llevábamos dentro y se lo entregamos a un pequeño ser indefenso dependiente de nuestros cuidados, le añadimos un cariño exagerado a esa deliciosa criatura que enternece nuestra nueva sublime forma de ver la vida. Nos olvidamos por un rato de nosotras y nos entregamos a esa vigilia forzada, a ese adorable caos en el que se nos convierten los días. La abnegación es una actitud permanente que adoptamos con valentía, el llanto es un alerta de amor y nuestros pechos agrietados nos cuentan que el alimento ha sido entregado a esta personita que Dios nos ha prestado.

Como bien lo dijo José Saramago: "Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos...", y aunque en nuestras manos esté la majestuosa responsabilidad de educarlos y guiarlos, no somos sus dueños, no son nuestra propiedad, están con nosotros para enseñarlos a volar, son compañeros de vida que muchas veces nos vienen a dar grandes lecciones, pero nos creemos tan superiores que cuando emiten algún juicio o se comportan de cierta manera, creemos tener sobre ellos la potestad de definir su personalidad desde lo que somos y no desde lo que ellos pretender ser.

Lo que otros opinan



Puede que para algunos parezca una egocéntrica al escribir tanto sobre mis experiencias, tal vez para otros mis escritos apasionados le suenen a sermones, incluso algunos en tono burlista se refieren a mi blog como un lugar donde lees lo que nunca voy a lograr o lo que no le aplico a mi vida, las diversas opiniones le generan dudas a mi critico interior, pero no cabe duda que mi blog me ha ayudado a definir mi identidad, me ha dado nuevas habilidades y una forma de conectar con gente con intereses afines a los míos, y para aquellos que lo han recibido entusiasmadamente, tal como es, mi más profundo agradecimiento por acompañarme en este reto semanal que implica para mí la novedad y el ambiente de crecimiento que ha fomentado mi felicidad.

Evidentemente no he llegado a la plenitud de mi bienestar, pero escribiendo es como he ido limpiando los desechos de mi mente, esa acumulación irritante de menudencias se han ido desbordando en cada letra, así que cuando alguien se refiere en forma despectiva a mi tan anhelado espacio de soledad, no puedo evitar sentirme un poco ofendida, pero de inmediato comprendo que a nadie puedo obligar a ver la vida con mis ojos, que para muchos puede ser poco interesante lo que para mí se ha vuelto apasionante.

Cuando buscamos aprobación




Tener ganas de liberar la necesidad de estar en lo correcto, de tener la razón todo el tiempo o de otorgar la razón aunque no la tengan, de justificarnos o explicarnos para que otros se sientan satisfechos con nuestra presencia, es un paso necesario para la grandeza, es importante dejar de ver a los demás como errados, ya que los otros entienden la vida de acuerdo a sus vivencias y nosotros tenemos las nuestras.



Cambiar a los demás para sentirnos mejor, es como mirarnos al espejo con la cara sucia y pretender limpiar el espejo. Recibimos una impresión y nos aferramos a ella, y miramos a las personas a través de esa impresión, y nos criticamos a nosotras mismas cuando estamos con otras gentes, solemos compararnos o desacreditarnos a partir de esa impresión que hemos creado, de esa referencia que otros nos han dado.

Quisiera que llegara el día en el que ya no sienta la necesidad de impresionar a nadie, el día en que ya no tema que alguien me lastime o yo no le agrade, el día en que ya no tenga la necesidad de explicar las cosas o de presentar excusas. El día que sepa que nunca fui rechazada por nadie, los demás solo rechazaron lo que creían de mí. Todas las personas crean imágenes de lo que creen que somos y las rechazan o las aceptan.

Si alguien nos alaba, en vez de agradarnos, nos presionamos ante esa opinión, nos vemos obligados a cumplir con las expectativas de otros y a mantenerlo para que la imagen perdure. Muchas veces lo que le dejamos ver a los demás sobre nosotros, viene cimentado de la opinión externa y no de la aprobación interna.

Cuando nos encontramos con alguien a quien no veíamos desde hace mucho tiempo, suponemos que todavía es la persona que creíamos que era, que responde a la idea que tenemos de ella, intacta al recuerdo y a las asociaciones. De la misma forma, muchas personas nos siguen percibiendo desde lo que alguna vez fuimos y aún creen que somos. Todos nos ven desde sus gustos y sus antipatías y sus preferencias y sus atracciones, siendo todas ellas interferencias desde donde otros nos definen.



Además tenemos la creencia de hacernos permanentemente atractivas para ganarnos a las personas, si estamos apegadas al aprecio y a la alabanza, veremos a esas personas en función a lo que ellas constituyan: una amenaza o un estímulo, según como queramos vernos satisfechas ante ellos.




Hemos perdido la capacidad de ver a los demás exactamente como son y de responderles adecuadamente, porque la percepción que tenemos de ellos está distorsionada por la necesidad de obtener aprobación. Es muy duro vivir con alguien que es insatisfecha consigo misma, la persona que no se ama, nunca tendrá la certeza de que la están amando, y buscará por todos los medios llamar la atención para ser aprobada.

Ojalá llegue pronto el día en que nos neguemos a necesitar a una persona particular o a ser especiales para alguien o a sentir que alguien nos pertenece. Amar a las personas significa morir a la necesidad de personas y a saber estar completamente solos sin que la soledad nos pese tanto.