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Querida tristeza, te lo debo todo


Érase una vez una mujer que se creía culpable por sentirse triste.


Una mujer a la que le convencieron de que la tristeza podía ser un signo de debilidad. Una mujer que se llevó una gran sorpresa cuando descubrió por sí misma que era todo lo contrario.


En este post voy a contarte, querida amiga, lo mucho que cambió mi vida cuando me di permiso para escucharme y abrazar la tristeza. Esa emoción que tan a menudo nos han invitado a asociar como algo negativo cuando, en mi opinión, nos brinda una oportunidad increíble para conectar con nosotras mismas


¿Te quedas un ratito con nosotras?

50 cosas que aprendí de las mujeres imperfectas



Hace poco más de un año creé mi podcast El club de las mujeres imperfectas, llevaba unos cuatro años consumiendo podcast casi que a diario y un día supe con determinación que yo debía tener mi propio podcast.

No estaba muy segura de qué podría hacerlo, tuve un intento fallido de un podcast sobre reflexiones de 5 minutos, pero sería más de lo mismo a como venía haciéndolo en mi blog.

Había creado una comunidad grande de escritoras invitadas así que hacer un podcast de entrevistas era una idea que se me había metido entre ceja y ceja.

Un día, casi que de forma lumínica, vino a mí el nombre El club de las mujeres imperfectas, más que todo la idea surge porque llevaba unos cuantos meses investigando sobre la sombra que todas llevamos dentro y siempre he estado en contra de la perfección absurda que nos venden en las redes sociales.

La tristeza de la traición


Muchos creen que aquellas personas que trabajamos y nos preparamos en el área del desarrollo personal y empoderamiento no nos enfrentamos a problemas o dificultades y esto es completamente falso.

Todos nos enfrentamos a desafíos, problemas y dificultades diariamente, pero lo que nos diferencia es la forma como tendemos a vivir esos momentos.

En este espacio abro mi corazón y te cuento sobre cómo viví la tristeza de la traición.

Según la RAE, la traición se define como una falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener.

Las ventanas de la vida


Imagina por un momento que tu vida es una casa llena de ventanas y que alcanzar la plenitud significa que todas estas ventanas estén abiertas, cuando hay rencores, reproches y egoísmo, muchas de esas ventanas permanecen cerradas, si andas en la búsqueda de las profundidades de tu ser, comprendes que la casa interior debe estar iluminada, un hogar con ventanas abiertas es un espacio por donde el aire corre, las cortinas se levantan y el bienestar te alcanza.


Cada experiencia de tu vida crea de inmediato una cerradura y por ende una ventana, cada ventana es una ventaja, una perspectiva, un camino andado, una posibilidad para abrir aquellas ventanas que por mucho tiempo han estado cerradas, date cuenta que por dentro eres un cumulo de emociones anidadas, que pasado el tiempo y luego de haberse quebrado algunas esperanzas, hay ventanas que se te quedaron entre abiertas, cerradas o rotas.

Detenerse para continuar


El ruido de la vida no nos permite detenernos, la exacta cotidianidad nos dice que así como todo transcurre está bien para ella: a la misma hora el despertarnos, el mismo tiempo perdido en el tráfico, las mismas reuniones, el idéntico trajín para regresar a casa; pareciera que a la autómata estabilidad no le gustara que le muevan nada de sitio en su diario vivir.
Pero cuando te detienes y te sales de ese entorno y lo miras desde afuera, te das cuenta que por mucho tiempo lo acogiste como tu zona de confort, te mentiste por una larga temporada y te dijiste a ti mismo que allí todo estaba bien, que justo así como los días transcurrían eran perfectos para ti.

Carta a mi futura yo


Mi muy querida y adorada Eliana, te escribo esta carta justo en un momento de tu vida en el que estás haciendo muchos cambios, la lees diez años después ya casi finalizando tus cuarenta y tantos. ¿Qué estarás haciendo? ¿Cuántos libros has leído y cuántos escrito? ¿Tuviste otro hijo? ¿Conociste muchos países? ¿Si recorriste la costa sur española como tanto querías? ¿Tienes la casa frente a la playa como lo añorabas? ¿Llegaste a conocer la nieve? Ojalá seas la escritora reconocida con la que yo sueño ahora y estés llegando de una firma de libros.
Te cuento que por estas fechas andas tranquila, ya sabes controlar tu ansiedad, estás caminando mucho, agradeces todo el tiempo, tienes gran vitalidad; dime por favor que ya corres media hora, lo sé, trotar no es tu deporte favorito, pero me prometiste que lo harías. De seguro te estás amando con locura, ya sabes respetar tus espacios, ya no te postergas, aceptas a las personas como son porque te has aceptado a ti misma.

Descubriendo nuevos sabores



Sin la pretensión de hacerles llegar de mi parte una crítica gastronómica, ya que no soy experta en temas culinarios, mi intención es solo contarles sobre una experiencia inigualable en la que me he dejado llevar por mis sentidos, predominando por supuesto el del gusto y el retrogusto del olfato, he descubierto sabores que han trasmitido a mis emociones un fascinante placer, a partir de múltiples sensaciones que le atribuyo a la textura (dura o cremosa) del queso en mi boca, junto con la espesa, acida y suculenta caricia del vino sobre mi lengua.

Como saben, cada experiencia que deja en mí un curso, seminario, charla o conferencia, la pongo ante sus ojos y la plasmo para que no se me escape el aprendizaje obtenido, hoy los protagonistas temáticos de mi post son el queso y el vino.