Muchas de nosotras tuvimos que ser madres
primero antes de asumir una madurez emocional y obtener un sentido más profundo
de la vida. Instintivamente amamantamos, cuidamos, protegemos y hasta criamos
con una gran cantidad de falencias en nuestro interior, y sin saber que veíamos
crecer a nuestros hijos sin crecer nosotras primero por dentro.
Pero ocurre que nuestro pequeño ya no es tan
pequeño y comienza a entender -para nuestro asombro- la vida y sus
complejidades, y eso te incluye, ya no te idealiza y ahora te ve desde la
mirada del entendimiento y sabe que eres un ser humano que también posee
defectos, hay cosas que te irritan de ese ser que adoras más que a nadie y que
te hacen ver cosas tuyas desde su proyección y comportamiento, y se las
criticas, sin darte cuenta que tú también las tienes.


