Carta a Madrid


El Sueño Madrid, nació sin ser yo consciente de que lo estaba haciendo.


Cada sábado íbamos yo y la maravillosa pareja que me acompañó durante esa travesía, en las butacas de los cines que eran como nuestra casa, para ver películas de cine argentino y español con mis actores y directores preferidos. Penélope Cruz, Amenábar, Almodóvar, Luis Tosar, Bardem que lo tuve a milímetros, como a su madre, porque ella y yo vivíamos en la misma calle, Alberto San Juan y ese Inolvidable día, que nos miramos en el Autobús. Jordi Molla, Julio Medem y mi película terapéutica preferida “Caótica Ana”. En esa película, sales tú, Madrid, Ibiza y Nueva York. Todas mis ciudades habitadas, amadas y vividas.

En New York estuve viviendo dos meses hace poco, pero a quien vengo a escribir hoy es a ti, Madrid. Madrid Madre. Madrid Padre. Madrid Libertad. Juan Diego Botto, “Martin (H)”, que un día, dentro de tus pulmones: “El Parque del Retiro”, me firmó su libro y vi, en un instante en mí y a cero milímetros de mis manos, las suyas, y sus ojos. Los ojos de hombre más grandes y hermosos que he visto en mi vida, y además, mirándome a mí. Inolvidable. Federico Luppi que lo viví en directo, en el Teatro de Bellas Artes, el teatro de mejor acústica en directo que he vivido nunca. Los actores no usaban micro. Teatro y Actores, en estado puro.

Mujeres que viajan


Por tercer año consecutivo mi blog abre sus puertas para aceptar escritoras invitadas, el 2017 fue el año de las Mujeres que se aman y el 2018 el de las Mujeres que aprendieron a querer, el primero fue de entrevistas y el segundo de relatos, pero para el 2019 el proyecto lleva como título Mujeres que viajan y está enfocado en las cartas, así que si te gustan mis proyectos, te lo cuento en los próximos párrafos.

Por si no lo sabes me encanta escribir cartas en mi blog y pensar en un proyecto basado en cartas me parece fascinante.

Mis invitadas este año describirán el proceso de superación personal que cada una ha pasado desde una ciudad que haya marcado significativamente sus vidas.


Este proceso de sanación lo van a describir desde su inicio, tal vez en una etapa más relevante o hasta desde un punto de vista bastante místico si así lo prefieren.

La mujer intolerante


¿Por dónde comenzar a arreglar el mundo?

Aún tenían 52 kilómetros por delante y la nieve caía con fuerza. Llevaban ya cuatro horas de viaje y unos cuantos desencuentros.

A la mujer intolerante le exasperaba la actitud de su novio, tranquilo, sosegado, taciturno. Pura pasividad y falta de criterio. Alguna vez habían hablado de boda, pero eran como el agua y el aceite. Solo faltaba que se tiñera todo de blanco y quedasen atrapados en medio de la nada. Con lo mal que llevaba su madre la impuntualidad, más aún esa noche que se había dejado buena parte de la pensión en la opípara cena de Navidad.

Pero la nieve caía como queriendo borrar cualquier otro desvelo.

—Tendríamos que parecernos más a los yanquis —decía ella—. Aquí vemos como enemigo a cualquiera que tenga una religión distinta. Y desde el 11 de septiembre, peor, mucho peor, más fanatismo. En la escuela, la pobre Zurah ya no sabe qué hacer ni qué decir. Está hasta la coronilla de que todos la miren como si ella en persona hubiera hecho estrellar los aviones. Que se quite el velo, que se ponga ropa de aquí, que se parezca a nosotros, que si esto, que si lo otro... —Cortó el aire con un manotazo—. ¡Que vaya como le dé la gana! ¿No? Estoy segura de que en Estados Unidos son mucho más abiertos, que saben distinguir más, y eso que aquello pasó allí. Además: a ella le gusta la Navidad. Dice que en su casa la celebran. El problema no es suyo, es nuestro. Somos unos intolerantes de mierda.