Una cita conmigo misma


Ayer tuve una cita, la mejor que he tenido en mi vida, fuimos a desayunar y nos compenetramos en silencio, no fue necesario conversar mucho porque era reconfortante compartir ese espacio sin pronunciar palabra alguna, comimos despacio, degustando cada bocado mientras observamos a la gente pasar con esa prisa que a todos les caracteriza.

Luego nos tomamos de mano y fuimos a hacer yoga, fue el momento perfecto para acoplarnos, íbamos al compás del cuerpo y la respiración, lo cual me hizo estar en presente conexión en todo momento, en plena faena se estableció una complicidad, una camaradería, una chispa en la mirada acompañada de esas sonrisas picaras que te ubican en otro espacio y otro momento, pero que a la vez te devuelven al presente y te reconectan con la vida.

Carta a Antofagasta


Antofagasta, ciudad vibrante de rocas, mar y arena que ha tejido redes de costa, puerto, ferrocarril y altiplanos. Sitio de pescadores sensibles, oficinas salitreras, tejedoras artistas, recolectores de algas, inmigrantes y grandes entornos mineros. 

En esta sencilla carta honro tu cielo, tu sol resplandeciente, el vuelo de tus gaviotas, la altitud de tus cerros y las noches estrelladas a través de experiencias que jamás volverán.

Antofagasta de mañanas soleadas. Idas a la escuela caminando, a la universidad en micro y al trabajo en bicicleta. Pisadas de tierra seca después del aluvión, rodillas peladas por el cemento y miles de pelotas confiscadas por el vecino del perro bravo.