El optimismo me ha enseñado a vivir

 


¿Qué es la emoción del Optimismo para mí? ¿Por qué soy Optimista? ¿Cómo vivo yo el Optimismo? ¿Por qué considero que el Optimismo es la mejor actitud y emoción para vivir una vida plena y feliz?


Cuando me preguntan cómo me defino, suelo decir que soy una persona Optimista, positiva, alegre y con muchas ganas de vivir y aprender cosas nuevas, de conocer a personas que me aporten, que me sumen, que ayuden a crecer personal y profesionalmente.

Personas a las que admiro y que despiertan mi curiosidad, y creatividad como lo hace Eliana. ¡Gracias Eliana por ser una fuente constante de inspiración para mí y para muchas personas que estamos siguiendo todo lo que haces!

También digo que me encanta tener una visión de la vida Optimista, que esa es la mejor manera de ver, sentir y vivir la vida para mí.
¡Qué el Optimismo me ha enseñado a vivir plena y feliz!

El alma del placer


 

Tuve la dicha de encontrarme con el mundo de las emociones y ha sido el regalo de la vida, y lo mejor de todo es entender que no hay emociones buenas ni malas, son solo emociones, a las que abrazo porque son parte de lo que soy.

Al ingresar al paraíso de las emociones descubrí que por muchos años viví bajo la sombra de “abandono propio”, vivía en función de quedar bien con quienes me rodean y hacer lo que yo pensaba que era correcto y necesario para los demás. 

Esto trajo mucho dolor, ya que no siempre actuaba de manera adecuada y en ocasiones, en lugar de ayudar o quedar bien terminaba minimizándome y abandonándome.

Trabajo, mucho trabajo y hoy en día sigo trabajando y la razón de esto, aunque ya no significa un esfuerzo, es porque entendí que soy el mejor proyecto de vida que tengo, soy en quien debo poner mi atención y mi energía. Soy mi proyecto eterno a quien puedo dedicar cada emoción sentida.

El asombro me tomó de sorpresa

 


Cuando Eliana me propuso escribir para este proyecto en su blog me emocionó mucho la idea de poder compartir un pedacito de mis emociones a través de este escrito.

Fueron muchos los días, semanas y meses que dediqué a pensar en qué podría relatar entre líneas, finalmente lo tenía, empecé a escribir, estaba inspirada sobre la emoción que yo misma había elegido, unos días antes de la entrega del relato sentí un impulso de leer el primer correo de invitación que nos había enviado y cual fue mi asombro al darme cuenta que la emoción que yo había elegido era el “asombro” y no la “curiosidad” que era la emoción sobre la cual había estado reflexionando los meses anteriores.

En ese instante entré en pánico, se me aceleró el pulso, empecé a sudar frío y la mente empezó a trabajar a toda máquina. No lo podía creer, cómo había podido confundir estas dos emociones, “son tan distintas” pensé. Estaba bloqueada, mis niveles de sobre exigencia se elevaban y me sentía hasta un tanto apenada conmigo, con Eliana y con las personas que leerían mi relato.

Había pasado mucho tiempo reflexionando sobre mi relación con la curiosidad y aquí estaba yo viviendo las consecuencias del asombro hacia mi confusión inicial.