En las aguas del puerperio

 


¿Por qué las aguas del puerperio? Porque así lo sentí yo, un oleaje profundo que por poco me ahoga pero del que logré salir para ahora comprender mejor el proceso y del que sigo estudiando y reflexionando cada vez que tengo la oportunidad.

 

Cansada, maltratada, temerosa y adolorida, así comenzó mi maternidad, no me quedó ni la foto de novela con la sonrisa y lágrimas cayendo por mi rostro, mientras sostenía en mis brazos por un segundo a mi recién nacida, se ve claramente que no estaba feliz y no precisamente por poder ver a mi hija, sino por todo lo que sucedió para que llegara a este mundo.


Triste, nostálgica, temerosa nuevamente y con más dolor comenzó mi lactancia, primero mal agarre y después síndrome de Raynaud ¿será que todas las plagas de la maternidad me cayeron a mi? Me preguntaba siempre.


Las expectativas se derrumbaron estrepitosamente con una bebé que odiaba la cuna, el coche y cualquier persona que no fuera yo ¿alguien se la puede llevar un día? Pensé muchas veces y después lloré unas tantas más por tener esos pensamientos de “mala madre”.

La pasión como emoción rectora de mi vida

 


“Es que se te ve la energía con la que haces las cosas”, “Es que te entusiasmas tanto que te desborda la emoción”.

De muchas cosas que he escuchado, estas dos frases para mi definen la PASIÓN: ENERGÍA Y ENTUSIASMO por lo que haces, por alguien o por algún ideal.

Energía que te hace fluir a pasos agigantados y entusiasmo es porque “lleva un Dios dentro” (en+theos en griego).

Así que dar pasos con ese Dios interior que llevamos dentro es lo que para mí defino como pasión.

Cuando me tocó escoger una de las emociones para escribir no dudé en escogerla porque me ha acompañado durante toda mi vida.

La aceptación, el regalo de aprender y agradecer

 

Me ven de lejos, no soy de las reconocen a la primera, soy más bien a la que evaden con más frecuencia, ¿por qué? porque no se atreven a conocerme, y si lo hicieran, la vida fluiría a través de cada ser.

Por alguna razón creen que la vida es una lucha, que hay que batallar con ella, que es difícil, que para conseguir algo el camino es cuesta arriba, que hace falta sacrificio, que tarde o temprano tendrás tu recompensa, y cuando no llega en el tiempo que esperas, lo primero que salta a tu cabeza es que no lo mereces, que no has hecho suficiente… ah! si supieras que en mí está la respuesta, yo soy el atajo por donde la vida fluye, yo soy la aceptación.

Vengo de la dicha de la pausa, subestimada en este mundo donde lo inmediato es más valorado, vengo de la hoguera lenta donde vacías agua y azúcar para hacer miel, esa pausa, es la que te permite observar los eventos y situaciones de tu vida, si no hay pausa, no me vas a encontrar, si corres en busca de una solución inmediata a lo que te agobia, no voy a estar ahí.