Carta a Cali


En la sucursal del cielo, ahí nací.

Pero no fue suficiente para mí, yo quería más, hablar otros idiomas, viajar, ser alguien lejos de la danza de las palmeras y el murmullo del viento entre los cañaduzales.

“Ser alguien”, con esa idea en mente y apenas 17 años me despedí de la tierra que me vio nacer, crucé hasta el otro lado del mundo con mi maleta llena de sueños por cumplir, y fue con el paso de los años, 13 para ser exacta, que comprendí lo que había dejado atrás y que a donde sea que vaya, mis fantasmas me persiguen, los llevo dentro.

En mi travesía entre Europa y Colombia intenté “ser alguien”, terminé una carrera, dos maestrías, encontré un buen trabajo, me casé, tuve dos hijas, compré una casa y le añadí el toque coqueto de un perro.

Carta a Santo Domingo


Llevo 4 años sin volver a sentirte, fuiste mi hogar por 24 años.

Me enseñaste el amor verdadero mediante mis amigos y familia que siguen ahí. Te dejé para ir detrás de un sueño, para crecer y valorar las cosas que siempre he tenido a mi lado. Te doy las gracias por darme los mejores valores que se pueden tener en la vida. 

Santo Domingo siempre será para mí el verdadero significado de HOGAR, siempre será el lugar donde podré ir para recibir un abrazo de esos que te hacen entender que ninguna distancia puede matar el cariño y el amor de las personas que siempre están presentes a pesar de no verse físicamente hablado.

No olvido de donde vengo, y Santo Domingo es mi cuidad, ahí nací, ahí crecí, ahí la vida me dio la oportunidad de visualizar mi futuro en otro país. Y eso me hace entender que a veces nos toca irnos y eso no significa que no amamos nuestra tierra, sencillamente buscamos otras oportunidades que allí no tenemos. Amar una cuidad que me ha dado tanto siempre será parte de los mejores sentimientos que llevo dentro.