Carta al mar


Un lugar que te ha marcado no tiene porque estar separado por kilómetros y kilómetros, a veces no hay tanta distancia entre ese lugar y tú; quizás ninguna distancia. Es muy probable que ese sitio esté mucho más cerca de lo que pensabas, a lo mejor incluso está dentro de ti, o ese sitio simboliza mucho de lo que eres.

Mi relación con el mar es simbólica, llena de metáforas que explican muchas cosas.

Vivo rodeada de mar, siempre ha sido así desde que tengo uso de razón. El frío y la humedad me han acompañado siempre, es una sensación permanente dentro de mi que se mantiene a lo largo de los años.

Hay relaciones con lugares, olores, colores o paisajes que son difíciles de explicar. Al igual que esa relación de la que no eres capaz de entender porque quizás, no habéis cumplido una misión juntos; esa misión a la que inevitablemente tenéis que hacer frente y que ni siquiera sois conscientes de ello.

Una cita conmigo misma


Ayer tuve una cita, la mejor que he tenido en mi vida, fuimos a desayunar y nos compenetramos en silencio, no fue necesario conversar mucho porque era reconfortante compartir ese espacio sin pronunciar palabra alguna, comimos despacio, degustando cada bocado mientras observamos a la gente pasar con esa prisa que a todos les caracteriza.

Luego nos tomamos de mano y fuimos a hacer yoga, fue el momento perfecto para acoplarnos, íbamos al compás del cuerpo y la respiración, lo cual me hizo estar en presente conexión en todo momento, en plena faena se estableció una complicidad, una camaradería, una chispa en la mirada acompañada de esas sonrisas picaras que te ubican en otro espacio y otro momento, pero que a la vez te devuelven al presente y te reconectan con la vida.