El viaje hacia la sanación


Hace unos años atrás inicié un recorrido que tenía un principio, pero no tenía certeza del final. No sabía cuánto tiempo me llevaría, ni hacia dónde iría, solo decidí empezar el camino con la idea de sentirme diferente, de crecer, de encontrarme en algún punto del destino final.


Al iniciar esta trayectoria, en lo que pensaba era en descubrirme, andaba buscando respuestas a preguntas que daban vuelta en mi cabeza día y noche, incluso llegué a la línea de salida pretendiendo reclamar lo que según yo tenía en falta, lo que no me habían dado, aquello que me hacía una mujer incompleta.

En ese momento mi mundo era como una pintura abstracta, llena de colores, formas, objetivos, puntos de vista en donde muchos tenían sus opiniones y perspectivas, pero al estar inmersa dentro de esa pintura no había forma de encontrar orden, de encontrar salida, de poder verme reflejada en el espejo. Me sentía llena de todo y al mismo tiempo de nada, me sentía agotada, paralizada y obviamente con los ojos cerrados para no ver lo que estaba a mi alrededor.

La experiencia de ser madre



Ser madre puede ser la experiencia más feliz y también más dolorosa que una mujer pueda experimentar.


Desde chica nos acondicionan con la doctrina de que las mujeres debemos ser flacas, lindas y casarnos con un hombre que nos pueda mantener, mientras nosotras nos quedamos en la casa cuidando y criando nuestros hijos. Y a pesar de que se oye muy lindo no puede estar más lejos de la realidad.

Cuando llegamos a ser adultos nos damos cuenta de que nuestra idea de una familia feliz y perfecta solo existe en cuentos y películas. Y ese mundo feliz y color de rosa que habíamos imaginado se derrumba frente a nuestros ojos.

La desilusión, frustración, la comparación, la envidia, el miedo, la culpa, el rechazo, por mencionar algunas emociones, se convierten en nuestras mejores aliadas. No hay un manual de instrucciones para ser mujer o para ser madre. Ser mujer no es nada fácil, pero ser madre es mucho más.

La escritora y la autora, ¿antagonistas o aliadas?



El rol de la escritora es breve, no importa si llevas un par de años escribiendo ese libro que traes entre manos o ya casi va una década, en comparación con el rol de autora, que suele ser trascendental o más permanente en el tiempo, la vida útil de la escritora caduca cuando el libro ya está publicado.

Mientras que la escritora investiga, escribe, lee y se inspira desde la intimidad; la autora debe asistir al lanzamiento del libro, ofrecer entrevistas en diferentes medios sociales, participar en mesas redondas en donde esté involucrado su libro, o asistir a cenas, fiestas y eventos en donde pueda generar nuevos contactos.

Es decir, la paradoja entre ambos roles es que uno es más ermitaño y el otro es más sociable, pero los dos deben convivir bajo la misma piel para que no se conviertan en antagonistas, sino en estrechas aliadas.