La aceptación, el regalo de aprender y agradecer

 

Me ven de lejos, no soy de las reconocen a la primera, soy más bien a la que evaden con más frecuencia, ¿por qué? porque no se atreven a conocerme, y si lo hicieran, la vida fluiría a través de cada ser.

Por alguna razón creen que la vida es una lucha, que hay que batallar con ella, que es difícil, que para conseguir algo el camino es cuesta arriba, que hace falta sacrificio, que tarde o temprano tendrás tu recompensa, y cuando no llega en el tiempo que esperas, lo primero que salta a tu cabeza es que no lo mereces, que no has hecho suficiente… ah! si supieras que en mí está la respuesta, yo soy el atajo por donde la vida fluye, yo soy la aceptación.

Vengo de la dicha de la pausa, subestimada en este mundo donde lo inmediato es más valorado, vengo de la hoguera lenta donde vacías agua y azúcar para hacer miel, esa pausa, es la que te permite observar los eventos y situaciones de tu vida, si no hay pausa, no me vas a encontrar, si corres en busca de una solución inmediata a lo que te agobia, no voy a estar ahí.

El liderazgo personal


Siempre me ha gustado llevar la delantera, si estoy haciendo una actividad en grupo, soy de las que prefiere ir de primera y guiar al resto, tal vez porque soy la hermana mayor y tomar el mando no me cuesta.

Aunque no me considero una persona competitiva ni me siento una líder, pero siempre he apostado por inspirar, motivar, tomar la iniciativa e incentivar a otros, siendo éstos rasgos muy característicos del liderazgo.

¿Pero qué pasa cuando estás de puertas hacia adentro del mundo? El concepto de liderazgo toma otras formas y más cuando te toca ser la líder de tu propia vida, así que el gestionar, promover o convocar son conceptos que quedan relegados y más cuando no se tiene una buena valoración de la estima propia.

Hasta que no caminas hacia el autoconocimiento y sus múltiples calles empedradas no te das cuenta que construir tu propia identidad o tomar decisiones conscientes son parte de un liderazgo personal.

El homúnculo de la ansiedad



Maura salió tan puntual como siempre a las 8 de la mañana en punto, como era su rutina, tomó su bolso, su monedero, sus llaves y su celular, dijo adiós a su gato y cerró la puerta detrás de sí. Caminando por el pasillo que la llevaba al garaje tropezó con una pequeña caja, se giró para recoger aquello que casi la hace caerse y vio que la caja estaba cerrada con una cuerda de yute y que tenía una tarjeta colgando que rezaba: “El Homúnculo de la Ansiedad – Para Maura”.


Una vez estuvo dentro de su auto, usó la llave de su casa como sierra para cortar la cuerda de yute que mantenía cerrado aquel cubo de cartón; cuando logró abrir, lo primero que encontró fue una hoja de cartulina blanca que tenía una especie de instrucciones o advertencias.

“Querida Maura, está usted en una edad estresante, ha sido muy disciplinada, centrada y correcta durante su vida; pero tememos que ha desarrollado ciertas actitudes que han llegado a la parte inconsciente de su cerebro, han sido tan recurrentes que su cerebro nos envió un encargo: Desarrollar Ansiedad.