Escritoras 2019


Carta a Madrid

El Sueño Madrid, nació sin ser yo consciente de que lo estaba haciendo. Cada sábado íbamos yo y la maravillosa pareja que me acompañó durante esa travesía, en las butacas de los cines que eran como nuestra casa, para ver películas de cine argentino y español con mis actores y directores preferidos. Penélope Cruz, Amenábar, Almodóvar, Luis Tosar, Bardem que lo tuve a milímetros, como a su madre, porque ella y yo vivíamos en la misma calle, Alberto San Juan y ese Inolvidable día, que nos miramos en el Autobús. Jordi Molla, Julio Medem y mi película terapéutica preferida “Caótica Ana”. En esa película, sales tú, Madrid, Ibiza y Nueva York. 


Carta a Shanghái

Una ciudad te enamora y puedes llegar a odiarla sin saber muy bien porqué. Depende de muchos factores pero el principal es el interno, nuestro mundo interior y el momento de vida por el que estamos pasando.
En mi caso cuando viajé a Shanghái no sabía muy bien cómo iba a sentirme, era mi primer viaje a Asia e iba muy ilusionada por conocer esa nueva cultura, una experiencia que estaba deseando vivir y disfrutar. Y de la que no era muy consciente de cómo iba a influir en mí, en mi manera de ver la vida, en ese momento en el que no sabes muy bien quién eres y por lo tanto todo lo haces “superficialmente”, sin ver más allá de lo que estás viviendo.


Carta a Venecia
Querido Papá,

Ya no estás conmigo físicamente pero por supuesto vives en mi corazón. Estaba viendo unas fotos antiguas de mis viajes y quise escribirte esta carta para contarte algunas cosas que te perdiste en estos años.


Creo que sabes que Venecia fue una ciudad sumamente especial para mí. En su momento, fuiste testigo de mi emoción al descubrir ese lugar mágico, donde el agua de la laguna tiene un color verde esmeralda, donde no hay calles sino canales, donde el arte se respira.



Carta a Cork

Hola Cork,

Nos volvemos a ver. Nuestros caminos se han vuelto a cruzar. Sin embargo, no me reconoces.
¿Es que no te acuerdas de mí o tanto he cambiado? Te conocí hace casi siete años. ¿Siete años ya? Recuerdo bajar de aquel autobús que me acercaba de una capital que no tuve tiempo de visitar y que me pareció estar tan lejos de mi destino. Un autobús que me presentó por primera vez las praderas verdes de estas tierras, sus casas con jardín, adosados sin garajes y bloques de pisos de no más de tres o cuatro alturas.


Carta a Santo Domingo

Llevo 4 años sin volver a sentirte, fuiste mi hogar por 24 años. Me enseñaste el amor verdadero mediante mis amigos y familia que siguen ahí. Te dejé para ir detrás de un sueño, para crecer y valorar las cosas que siempre he tenido a mi lado. Te doy las gracias por darme los mejores valores que se pueden tener en la vida.

Santo Domingo siempre será para mí el verdadero significado de HOGAR, siempre será el lugar donde podré ir para recibir un abrazo de esos que te hacen entender que ninguna distancia puede matar el cariño y el amor de las personas que siempre están presentes a pesar de no verse físicamente hablado.


Carta a Cali

En la sucursal del cielo, ahí nací. Pero no fue suficiente para mí, yo quería más, hablar otros idiomas, viajar, ser alguien lejos de la danza de las palmeras y el murmullo del viento entre los cañaduzales.

“Ser alguien”, con esa idea en mente y apenas 17 años me despedí de la tierra que me vio nacer, crucé hasta el otro lado del mundo con mi maleta llena de sueños por cumplir, y fue con el paso de los años, 13 para ser exacta, que comprendí lo que había dejado atrás y que a donde sea que vaya, mis fantasmas me persiguen, los llevo dentro.


Carta a Penang

Penang,

Me gustaría decirte tantas cosas que no sé por dónde empezar.

¿Empiezo por la primera vez que nos conocimos, en la que no hubo química?

¿O quizás por la segunda, cuando llegué completamente perdida, con el corazón roto y con una mochila cargada de miedos y dudas?



Hay lugares en el mundo donde nos sentimos de manera especial. Sin duda Estambul desde la primera vez que pisé tus tierras, supe que volvería.

Quizás de alguna forma me convocaron mis orígenes maternos y fue ese volver a lo esencial lo que me llevó, en mi última visita, a dar un giro de 180° en mi vida.

No fue casual que llegara esta vez en pleno Ramadán. Aquel momento, donde los pecados son perdonados como si estuvieran quemados. ¿Cuál fue mi pecado? creo que arribé a esa respuesta hacia el final de mi camino.






Para esta carta me gustaría empezar con una palabra que la define de manera personal: serendipia, significa un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta.

Comenzó por un viaje sin más, en una adolescencia llena de emociones vertiginosas que van desde el catastrofismo y la tragedia hasta llegar a pensar que te puedes comer el mundo.

Buscaba sencillamente pasar unos días de vacaciones en un sitio que de entrada no me apetecía nada.

Y ahí justo encontré lo inesperado, algo valioso o quizás fui al encuentro con mi destino, quien sabe. 


Carta a Antofagasta


Antofagasta, ciudad vibrante de rocas, mar y arena que ha tejido redes de costa, puerto, ferrocarril y altiplanos. Sitio de pescadores sensibles, oficinas salitreras, tejedoras artistas, recolectores de algas, inmigrantes y grandes entornos mineros. En esta sencilla carta honro tu cielo, tu sol resplandeciente, el vuelo de tus gaviotas, la altitud de tus cerros y las noches estrelladas a través de experiencias que jamás volverán. Antofagasta de mañanas soleadas. Idas a la escuela caminando, a la universidad en micro y al trabajo en bicicleta. Pisadas de tierra seca después del aluvión, rodillas peladas por el cemento y miles de pelotas confiscadas por el vecino del perro bravo.

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