Escritoras 2022



Mujeres que Sanan es un proyecto donde 12 mujeres le escribirán a sus sombras, a sus heridas y a sus emociones reprimidas, es por ello que este año nos toparemos con relatos extraídos de las propias vivencias de mis invitadas y en cada uno de ellos veremos un proceso de sanación de sombras y heridas.

Mis invitadas van a escribir sobre cómo superaron un duelo o una separación de pareja, cómo sobrevivieron a un pos-parto, cómo se dieron cuenta que habían reprimido una emoción por mucho tiempo, cómo salieron adelante después de un diagnóstico personal o de un ser querido, cómo una enfermedad llegó para cambiarle el sentido a sus vidas, cómo ha sido el camino hacia el autoconocimiento, en fin, el proyecto trata sobre el proceso de sanación de heridas y sombras.


¿Por qué las aguas del puerperio? Porque así lo sentí yo, un oleaje profundo que por poco me ahoga pero del que logré salir para ahora comprender mejor el proceso y del que sigo estudiando y reflexionando cada vez que tengo la oportunidad.

Cansada, maltratada, temerosa y adolorida, así comenzó mi maternidad, no me quedó ni la foto de novela con la sonrisa y lágrimas cayendo por mi rostro, mientras sostenía en mis brazos por un segundo a mi recién nacida, se ve claramente que no estaba feliz y no precisamente por poder ver a mi hija, sino por todo lo que sucedió para que llegara a este mundo.

Triste, nostálgica, temerosa nuevamente y con más dolor comenzó mi lactancia, primero mal agarre y después síndrome de Raynaud ¿será que todas las plagas de la maternidad me cayeron a mi? Me preguntaba siempre.


No puedo hablar de todas mis heridas y sombras sin darle el protagonismo a la primera que caló en mí, fue mi primera desilusión amorosa que tuve cuando tenía 15 años, el haberla sentido me llevó a caminos muy espinados, incluso recuerdo haber perdido parte de mi maravillosa juventud dándole crédito a lo que no merecía dárselo.

El hecho de que ese primer amor, ese chico de ojos lindos se había casado con otra chica, causó en mí una gran herida, vivir por varios años bajo la sombra de aquel engaño, y siendo tan jovencita la cargaba a cuestas robándole a la etapa más maravillosa de mi vida la magia que ésta merece.

No sabía dónde se originaba el haberme quedado anclada en esa desilusión, me llené de recuerdos que trataba cada noche de mantenerlos vivos para así engañarme de que algún día pronto nos encontraríamos nuevamente.


Al ir mirando mi historia, todo ese pasado que llevo conmigo, y más que mi pasado, ese legado emocional que siempre me ha acompañado y que he hecho mío durante muchos años…Empiezo a traer esas historias, a recordar desde donde podía venir eso a lo que llamamos Sombras, esas sombras que nunca vi en mi o que creí que no las tenía, sombras que eran invisibles y de las cuales me venían acompañando siempre…

Un día esas sombras se hicieron visibles, y fue cuando sentía que mi vida era casi perfecta, por el solo hecho de que creía que estaba manejando todo a la perfección en el día a día, sintiendo que no necesitaba ayuda de nadie. (Y hoy me doy cuenta que estaba en una gran soledad).

Un día de vuelta a buscar a mis hijos al colegio, discutí en el camino con un automovilista, a la semana discutí con la profesora de mi hija por su rendimiento, luego un silencio profundo con mi marido al punto de casi no tener nada de comunicación en nuestra relación de pareja.


El día que dejé de ver debajo de la cama


Crecimos escuchando historias, esos cuentos donde la protagonista es una princesa indefensa esperando ser rescatada por un apuesto y gallardo príncipe o hermosas y perfectas princesas que tenían que besar un asqueroso sapo o soportar el mal humor de una bestia peluda para lograr, con el beso de “amor verdadero”, transformarlo en un hombre decente con quien por fin podían ser felices.

Sí, esas fueron las historias de nuestra infancia. No es de extrañar que muchas no lo lográramos y termináramos teniendo relaciones desastrosas porque en la vida real, los cuentos se dan a la inversa: los galantes caballeros se transforman en bestias que incluso te amenazan de muerte.


Aunque tengo que ser justa: no se trata solo de las historias que hemos escuchado porque, aunque creo que pueden influir, la verdad es que cada una decide cómo escribir la suya. En eso creo, soy firme partidaria de asumir la responsabilidad.  Y nota que hablo de asumir responsabilidades, que es muy diferente a achacar culpas. Pero eso, y otras cosas más lo descubrí el día que dejé de ver debajo de la cama.

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