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Sanando la relación con mi madre

 


El pasado mes de abril llevé a cabo junto con mi amiga Leslye Rivera uno de los talleres de escritura creativa que más me ha costado facilitar, por la intensidad del contenido y por lo doloroso y liberador que fue leer cada carta, este taller se titula Sanando la relación con mi madre.

El taller estuvo dirigido a aquellas mujeres que deseaban sanar el vínculo con mamá y así convertirse en la mejor versión de sí mismas en los distintos ámbitos de sus vidas (familiar, relación de pareja, maternidad, trabajo, vínculos de amistad, etc.).

Nuestra madre es el primer referente que tenemos en nuestra vida, la hayamos o no conocido, hayamos tenido una buena o mala relación con ella o nos haya demostrado o no el amor. Es parte esencial de nuestra configuración como seres humanos y la forma de relacionarnos con el mundo.

Estuvimos en su interior, sabemos perfectamente cómo late su corazón, y aunque creemos que no lo sabemos o que ya lo olvidamos, todo lo que ella sintió durante el embarazo lo llevamos grabado en nuestra esencia.

Carta al mar


Un lugar que te ha marcado no tiene porque estar separado por kilómetros y kilómetros, a veces no hay tanta distancia entre ese lugar y tú; quizás ninguna distancia. Es muy probable que ese sitio esté mucho más cerca de lo que pensabas, a lo mejor incluso está dentro de ti, o ese sitio simboliza mucho de lo que eres.

Mi relación con el mar es simbólica, llena de metáforas que explican muchas cosas.

Vivo rodeada de mar, siempre ha sido así desde que tengo uso de razón. El frío y la humedad me han acompañado siempre, es una sensación permanente dentro de mi que se mantiene a lo largo de los años.

Hay relaciones con lugares, olores, colores o paisajes que son difíciles de explicar. Al igual que esa relación de la que no eres capaz de entender porque quizás, no habéis cumplido una misión juntos; esa misión a la que inevitablemente tenéis que hacer frente y que ni siquiera sois conscientes de ello.

Carta a Antofagasta


Antofagasta, ciudad vibrante de rocas, mar y arena que ha tejido redes de costa, puerto, ferrocarril y altiplanos. Sitio de pescadores sensibles, oficinas salitreras, tejedoras artistas, recolectores de algas, inmigrantes y grandes entornos mineros. 

En esta sencilla carta honro tu cielo, tu sol resplandeciente, el vuelo de tus gaviotas, la altitud de tus cerros y las noches estrelladas a través de experiencias que jamás volverán.

Antofagasta de mañanas soleadas. Idas a la escuela caminando, a la universidad en micro y al trabajo en bicicleta. Pisadas de tierra seca después del aluvión, rodillas peladas por el cemento y miles de pelotas confiscadas por el vecino del perro bravo.

Carta a Pontevedra


Para esta carta me gustaría empezar con una palabra que la define de manera personal: serendipia, significa un descubrimiento o un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera accidental, casual o por destino, o cuando se está buscando una cosa distinta.

Comenzó por un viaje sin más, en una adolescencia llena de emociones vertiginosas que van desde el catastrofismo y la tragedia hasta llegar a pensar que te puedes comer el mundo.

Buscaba sencillamente pasar unos días de vacaciones en un sitio que de entrada no me apetecía nada.

Y ahí justo encontré lo inesperado, algo valioso o quizás fui al encuentro con mi destino, quien sabe.

Allí estaba en esta ciudad algo que no fui buscando, que apareció de manera sutil, en una conversación de las que tanto me gustan, en un guiño, en montones de risas y carcajadas que aún hoy pasados casi treinta años se mantienen a mi lado.

Carta a Estambul


Hay lugares en el mundo donde nos sentimos de manera especial. Sin duda Estambul desde la primera vez que pisé tus tierras, supe que volvería.

Quizás de alguna forma me convocaron mis orígenes maternos y fue ese volver a lo esencial, lo que me llevó, en mi última visita, a dar un giro de 180° en mi vida.

No fue casual que llegara esta vez en pleno Ramadán. Aquel momento, donde los pecados son perdonados como si estuvieran quemados. ¿Cuál fue mi pecado? creo que arrivé a esa respuesta hacia el final de mi camino.

La marca cosmopolita que se imprime en tus calles, da cuenta de cómo un lugar con tanta historia fue capaz de atravesar una transformación cultural que aún conserva los vestigios de dos imperios: el Otomano y Bizantino.

Carta a Penang


Penang,

Me gustaría decirte tantas cosas que no sé por dónde empezar.

¿Empiezo por la primera vez que nos conocimos, en la que no hubo química?

¿O quizás por la segunda, cuando llegué completamente perdida, con el corazón roto y con una mochila cargada de miedos y dudas?

Me has dado tanto y pedido tan poco. Has marcado un antes y un después en mi vida profesional y en mis viajes. Ya nada volverá a ser igual. Aunque me vaya, un pedacito de mi corazón va a quedarse aquí, en una isla de Malasia cerca de la frontera con Tailandia.

Recuerdo nuestro primer encuentro en el 2015. Georgetown, tu ciudad más grande, me pareció ruidosa y caótica, no me sentía bien en el hostal en el que estaba, y decidí irme al cabo de dos días.

Carta a Cali


En la sucursal del cielo, ahí nací.

Pero no fue suficiente para mí, yo quería más, hablar otros idiomas, viajar, ser alguien lejos de la danza de las palmeras y el murmullo del viento entre los cañaduzales.

“Ser alguien”, con esa idea en mente y apenas 17 años me despedí de la tierra que me vio nacer, crucé hasta el otro lado del mundo con mi maleta llena de sueños por cumplir, y fue con el paso de los años, 13 para ser exacta, que comprendí lo que había dejado atrás y que a donde sea que vaya, mis fantasmas me persiguen, los llevo dentro.

En mi travesía entre Europa y Colombia intenté “ser alguien”, terminé una carrera, dos maestrías, encontré un buen trabajo, me casé, tuve dos hijas, compré una casa y le añadí el toque coqueto de un perro.

Carta a Santo Domingo


Llevo 4 años sin volver a sentirte, fuiste mi hogar por 24 años.

Me enseñaste el amor verdadero mediante mis amigos y familia que siguen ahí. Te dejé para ir detrás de un sueño, para crecer y valorar las cosas que siempre he tenido a mi lado. Te doy las gracias por darme los mejores valores que se pueden tener en la vida. 

Santo Domingo siempre será para mí el verdadero significado de HOGAR, siempre será el lugar donde podré ir para recibir un abrazo de esos que te hacen entender que ninguna distancia puede matar el cariño y el amor de las personas que siempre están presentes a pesar de no verse físicamente hablado.

No olvido de donde vengo, y Santo Domingo es mi cuidad, ahí nací, ahí crecí, ahí la vida me dio la oportunidad de visualizar mi futuro en otro país. Y eso me hace entender que a veces nos toca irnos y eso no significa que no amamos nuestra tierra, sencillamente buscamos otras oportunidades que allí no tenemos. Amar una cuidad que me ha dado tanto siempre será parte de los mejores sentimientos que llevo dentro.

Carta a Cork


Hola Cork,

Nos volvemos a ver. Nuestros caminos se han vuelto a cruzar. Sin embargo, no me reconoces.

¿Es que no te acuerdas de mí o tanto he cambiado? Te conocí hace casi siete años. ¿Siete años ya? Recuerdo bajar de aquel autobús que me acercaba de una capital que no tuve tiempo de visitar y que me pareció estar tan lejos de mi destino. Un autobús que me presentó por primera vez las praderas verdes de estas tierras, sus casas con jardín, adosados sin garajes y bloques de pisos de no más de tres o cuatro alturas.

Se conducía por el otro lado de la calzada, llovía intermitentemente y sonaba la lluvia en el cristal tan fuerte como el latir de mi corazón. Me presenté a ti como una tímida niña, muy ingenua (hoy lo sé), dispuesta a que me enseñaras lo que es la vida, abierta al aprendizaje en el más amplio sentido de la palabra.

Carta a Venecia




Querido Papá,

Ya no estás conmigo físicamente pero por supuesto vives en mi corazón.

Estaba viendo unas fotos antiguas de mis viajes y quise escribirte esta carta para contarte algunas cosas que te perdiste en estos años.

Creo que sabes que Venecia fue una ciudad sumamente especial para mí. En su momento, fuiste testigo de mi emoción al descubrir ese lugar mágico, donde el agua de la laguna tiene un color verde esmeralda, donde no hay calles sino canales, donde el arte se respira…

¿Recuerdas ese julio de 1997? La situación no podía ser más ideal. Además de ese lugar mágico, estaba acompañada de mis seres más queridos: vos, mamá, mi hermana querida y mi pareja.

Carta a Shanghái


Una ciudad te enamora y puedes llegar a odiarla sin saber muy bien porqué.


Depende de muchos factores pero el principal es el interno, nuestro mundo interior y el momento de vida por el que estamos pasando.

En mi caso cuando viajé a Shanghái no sabía muy bien cómo iba a sentirme, era mi primer viaje a Asia e iba muy ilusionada por conocer esa nueva cultura, una experiencia que estaba deseando vivir y disfrutar. Y de la que no era muy consciente de cómo iba a influir en mí, en mi manera de ver la vida, en ese momento en el que no sabes muy bien quién eres y por lo tanto todo lo haces “superficialmente”, sin ver más allá de lo que estás viviendo.

A las pocas hora de estar en Shanghái me di cuenta que esa ciudad no me llenaba, y había algo que rechazaba en ella, en ese momento no sabía lo que era, pero sí sabía que no era la ciudad que había imaginado, la que llevaba mucho tiempo soñando conocer (muchas veces nuestra mente nos juega malas pasadas, llevándonos a un futuro que no viviremos nunca, sólo dentro de nuestra cabeza) por lo que hoy al volver a ver las fotos de ese viaje a China, he decidido escribir esta carta a esa ciudad que en su día rechacé, y que no llegó a enamorarme como yo esperaba.

Carta a Madrid


El Sueño Madrid, nació sin ser yo consciente de que lo estaba haciendo.


Cada sábado íbamos yo y la maravillosa pareja que me acompañó durante esa travesía, en las butacas de los cines que eran como nuestra casa, para ver películas de cine argentino y español con mis actores y directores preferidos. Penélope Cruz, Amenábar, Almodóvar, Luis Tosar, Bardem que lo tuve a milímetros, como a su madre, porque ella y yo vivíamos en la misma calle, Alberto San Juan y ese Inolvidable día, que nos miramos en el Autobús. Jordi Molla, Julio Medem y mi película terapéutica preferida “Caótica Ana”. En esa película, sales tú, Madrid, Ibiza y Nueva York. Todas mis ciudades habitadas, amadas y vividas.

En New York estuve viviendo dos meses hace poco, pero a quien vengo a escribir hoy es a ti, Madrid. Madrid Madre. Madrid Padre. Madrid Libertad. Juan Diego Botto, “Martin (H)”, que un día, dentro de tus pulmones: “El Parque del Retiro”, me firmó su libro y vi, en un instante en mí y a cero milímetros de mis manos, las suyas, y sus ojos. Los ojos de hombre más grandes y hermosos que he visto en mi vida, y además, mirándome a mí. Inolvidable. Federico Luppi que lo viví en directo, en el Teatro de Bellas Artes, el teatro de mejor acústica en directo que he vivido nunca. Los actores no usaban micro. Teatro y Actores, en estado puro.

Carta a la mujer que nunca fui


Querida yo que nunca fui, te escribo desde el futuro, ese lugar que muchas veces creíste incierto y al que le pusiste más expectativas que realidad, te escribo porque es la única manera de comunicarme contigo y hacerte comprender que la vida era más simple y menos complicada.

Sé que nunca fuiste paciente y que la ansiedad siempre te rondaba, sé que nunca te gustaron los excesos y que era común en ti el no sentirte de ninguna parte, pero justo ahora cuando le he dado a mi vida un sentido de pertenencia, viéndome frente al espejo y observando con detalle las huellas del tiempo, me cuesta creer que nunca te hayas amado, que nunca te respetaste lo suficiente y que ese amor que nunca profesaste por ti misma me esté pasando la cuenta.

Ya ni siquiera te miro con nostalgia, de este lado de la vida pareciera que nada valió la pena, me cuesta perdonarte por no haber tenido otros intereses, por no haber tomado otras decisiones, por no haberte incluido primero y por haber priorizado lo que ya no me importa.

Carta a una adolescente



Querida adolescente, te escribo esta carta solo para que sepas que te entiendo, que sé lo que significa estar allí sentada en medio de tanta indecisión y de lo mucho que te sientes incomprendida. Sé que tu cuerpo está cambiando y que muchas veces lo comparas con el de otras chicas, pero tranquila, que ellas también están haciendo lo mismo y seguramente tú entras en su lista de comparaciones y de críticas.


Estas líneas no están llenas de consejos ni de tips para vivir la vida, son solo palabras impregnadas de empatía de una mujer que alguna vez fue una rebelde adolescente y que ahora, en el presente, vivo con una jovencita que me proyecta en todo momento y me obliga a hacer esta mirada retrospectiva.

Tal vez las cosas en casa no estén resultando ser nada fáciles, tus padres pueden estar muy confundidos y hasta distraídos y no se estén percatando de tus múltiples cambios, sobre todo de esos cambios internos que te viven afectando, lo más seguro es que estén tan aterrados como tú y que aún no le hayan hecho el duelo a la niña que dejaste de ser y no terminan de aceptar la transición que te está ocurriendo.

Carta de amor a mi cuerpo



Querido cuerpo, ya han pasado casi cuatro décadas y no había tenido tiempo para escribirte una carta y agradecerte por este recorrido, por acompañarme en este camino que se llama vida y ser un perfecto respaldo de emociones y sentimientos.

Ese amoroso lenguaje que tienes para comunicarte conmigo y que yo siempre he interpretado como dolor y malestar, es el que me ha hecho saber que tienes vida propia y que me hablas por medio de la energía que se te ha otorgado, indicándome cuando las cosas van bien o cuando algo anda mal.

Perdóname las veces que te he callado con una pastilla y no me he detenido a escucharte, disculpa los momentos en los que te he llevado al exceso por no dormir o no comer o creer que funcionarías mejor con algún antídoto que tu fácilmente sabes producir.

Carta de despedida a una ciudad



Le debía esta carta de despedida a una ciudad que me dio albergue por más de cuatro años, hace ya varios meses que me fui de allí y aún no le había expresado mi más profundo agradecimiento, uno siempre se despide de personas pero casi nunca se percata que los lugares también reclaman nuestra despedida, sobre todo aquellos lugares que nos estuvieron esperando para vernos crecer y se enorgullecen al ver cómo nos vamos de allí con el alma engrandecida.


Es cierto que recalqué muchas veces un tiempo que creí vencido en esa ciudad, pero ahora que la veo a la distancia, quisiera caminarla de nuevo y escucharla en la cordialidad de su gente, recuerdo sus calles como quien recuerda una risa, añoro esa cotidianidad como quien añora el encuentro de aquello que quedó suspendido en el tiempo, pero con la esperanza de volver a encontrarse algún día.

Carta a mi futura yo


Mi muy querida y adorada Eliana, te escribo esta carta justo en un momento de tu vida en el que estás haciendo muchos cambios, la lees diez años después ya casi finalizando tus cuarenta y tantos. ¿Qué estarás haciendo? ¿Cuántos libros has leído y cuántos escrito? ¿Tuviste otro hijo? ¿Conociste muchos países? ¿Si recorriste la costa sur española como tanto querías? ¿Tienes la casa frente a la playa como lo añorabas? ¿Llegaste a conocer la nieve? Ojalá seas la escritora reconocida con la que yo sueño ahora y estés llegando de una firma de libros.
Te cuento que por estas fechas andas tranquila, ya sabes controlar tu ansiedad, estás caminando mucho, agradeces todo el tiempo, tienes gran vitalidad; dime por favor que ya corres media hora, lo sé, trotar no es tu deporte favorito, pero me prometiste que lo harías. De seguro te estás amando con locura, ya sabes respetar tus espacios, ya no te postergas, aceptas a las personas como son porque te has aceptado a ti misma.