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Los lugares de mis tristezas



New York y la tristeza

La Gran Manzana… Nueva York….. ¿Quién puede estar triste visitando Nueva York?

Pero fue en ese último viaje que hice, con quien creía mi complemento, donde descubriría que la tristeza tiene matices que incluso se huelen y se esconden en algún rincón del Time Square o de la Quinta Avenida.
Sabemos que estamos tristes cuando la sonrisa duele, cuando reconoces que el día está gris o está “raro”. No, no es el día. No, no son las nubes, es esa intuición que a pesar que nos dice muy en el fondo que todo va a estar bien, le permitimos el protagonismo a esa fuerza que emerge y que nos invade por dentro. 

Sí, es ella, la tristeza. Que no pide permiso para acompañarte, solo llega para manifestarte que debes prestarle atención a ese pedacito de instante que estás viviendo, pero el desasosiego de no saber nos invade y preferimos deslumbrarnos con lo majestuoso del Empire State y huyes del silencio de donde estaban las torres gemelas porque allí, la tristeza hizo casa y la puedes sentir, por eso te vas.

¿Cómo se puede estar triste en Nueva York? Me lo he preguntado tantas veces. Pero en aquel viaje que hice con toda la ilusión de poner nuevos y mejores recuerdos a uno de los sitios que más me gusta, sería donde la frialdad del desamor, de la poca atención y de pronunciar un nombre que no era el mío, hicieron que la ciudad se hiciera gris, pegajosa, dolorosa.

Carta de amor a mi cuerpo



Querido cuerpo, ya han pasado casi cuatro décadas y no había tenido tiempo para escribirte una carta y agradecerte por este recorrido, por acompañarme en este camino que se llama vida y ser un perfecto respaldo de emociones y sentimientos.

Ese amoroso lenguaje que tienes para comunicarte conmigo y que yo siempre he interpretado como dolor y malestar, es el que me ha hecho saber que tienes vida propia y que me hablas por medio de la energía que se te ha otorgado, indicándome cuando las cosas van bien o cuando algo anda mal.

Perdóname las veces que te he callado con una pastilla y no me he detenido a escucharte, disculpa los momentos en los que te he llevado al exceso por no dormir o no comer o creer que funcionarías mejor con algún antídoto que tu fácilmente sabes producir.

Personas altamente sensibles



La sensibilidad es un concepto muy mal visto en nuestra sociedad, al parecer las personas muy sentimentales son tildadas de débiles, dramáticas, desbordadas y un poco excesivas, pero lo cierto es que el 20% de la población mundial son personas altamente sensibles con características emocionales muy marcadas que pueden sentir los acontecimientos con tanta profundidad que puede ser difícil de comprender desde una óptica más práctica y menos sensitiva.

Si a tu alrededor hay alguna persona muy intuitiva, susceptible, tal vez retraída que se ve más afectada que los demás en cualquier acontecimiento, entonces te encuentras ante alguien elevadamente sensible. Este tipo de personas pueden ver aquello que los demás no ven, sentir los acontecimientos desde otra perspectiva y llevar a cabo la tristeza y el sufrimiento desde un punto de vista más profundo.

La esquina rota de un corazón entero



A todos nos han roto el corazón y todos hemos llegado a dejar estropeado un corazón ajeno, pero vamos caminando por la vida como si el sufrimiento fuese exclusivamente nuestro, cuando padecemos la desidia del despecho creemos que nunca nadie se ha llegado a sentir en el estado vegetativo en el que quedamos absortos, casi atónitos por el desprecio, abrumados y vestidos de víctimas le contamos a todos que llevamos dentro un corazón partido en mil pedazos, que sigue latiendo, pero desde la fragmentación en la que lograron vivir algunos retazos sangrantes de un amor delirante, solitario y ardiendo.

Creo que dramaticé un poco, pero es así como nos paramos frente al mundo cuando alguien nos ha dejado, desangrados porque quien nos prometió un para siempre solo se quedó unos cuantos días, como si la permanencia fuese un contrato firmado sin derecho a anulación. Conocemos a la persona "ideal", y como hubo conexión momentánea, juramos que se eternizará el amor desbordado y ya nunca nadie podrá separarnos. 

Esos cuentos de hada que terminan justo cuando la historia en pareja apenas comienza, nos han arrebatado de las manos el sueño del amor propio, idealizamos el convivir con el famoso “vivieron felices por siempre”, pero cuando nos damos cuenta que nos es cierto, buscamos entonces amores a medias porque el amor completo interno se encuentra escondido tras los arbustos de la aprobación externa.