Extrañarse a uno mismo



En estos días me ha dado por recorrer mi historia y rememorar mis vivencias, verme en distintos lugares a través de fotos y reconocerme en esa sonrisa abierta, en esa mirada quizás ingenua, en esos tiempos en los que anhelaba ser lo que soy ahora sin imaginar que tanto he cambiado, soy tan diferente a la de hace diez años, incluso a la de hace un año o a la de hace cuatro meses, de hecho seré diferente una vez que culmine de escribir lo que ahora lees, ya que soy de esas personas que aprovecha la escritura para limpiarse, para exiliarse de la indiferencia y para encontrarse con lo nuevo, utilizo las emociones para mover cosas en mi interior y para organizar mis sentimientos.


Cuando uno se ve a sí mismo en el pasado, cuando uno se recuerda al lado de las personas que ya se fueron, en realidad uno no extraña a nadie, uno se extraña a sí mismo en esos escenarios, en esos contextos, las personas te hacen ver cosas que no veías, y cuando no están, te sientes ausente de ti (la ausencia de otro remarca nuestra propia ausencia), ausente de lo que otros te brindaron, de lo que te hicieron ver, apagas entonces tu casa como si la felicidad viniera de afuera, y ocurre que cuando las personas han estado, durante su permanencia has encendido la luz de tu casa interna.

Extrañar lo que antes uno era, la inocencia aún no perturbada, extrañarse antes de las palabras que no debieron decirse y que cuando se pronunciaron dolieron, extrañar nuestro cambio externo, es cierto eso que dicen que uno tiene varios cuerpos en un mismo cuerpo, varios rostros, varias formas de sentir la vida, uno extraña lo que sintió y cómo lo sintió, uno se extraña sin arrugas, sin canas, sin heridas, sin culpas, sin titubeos, sin rencores ni olvidos, sin esperanzas truncadas ni sueños lastimados, pero también sin ganas de regresar a lo ya vivido.

¿Quién eres en este momento? Si tu vida hubiese sido diferente, si quien no te amó te hubiese amado, si no hubiesen ocurrido situaciones realmente duras, entonces nada te hubiese fortalecido y transformado, ningún pasaje te hubiese traído hasta este punto y no habrías descubierto que estabas tú esperándote al otro lado del camino.

Si volteas a ver tu vida, te podrás dar cuenta que muchas de las cosas que antes te interesaron ahora son solo recuerdos, posiblemente las prioridades de hace diez años ya no sean las actuales, tu criterio ha cambiado y con él también tus gustos y preferencias, has conocido nuevas personas y otras se han marchado, pero siempre has quedado tú con tus lagrimas y tus aciertos, con tus nostalgias y guardando en el alma aquellos lugares donde tanto has reído y aquellos que llevan marcado el sufrimiento.

Más que extrañar lo vivido te extrañas a ti en esas vivencias, eso que sentiste cuando fuiste feliz, ese hastío tan largo cuando estuviste triste y en el que al fin saliste nadando de tus propios sollozos, te extrañas caminando las calles que ya no caminas, abrazando a las personas que ya no abrazas, pero si realmente tenías la intención de cambiar para mejor, entonces ya no te extrañas, si te perdonaste, solo te recuerdas con cariño, si todo lo pasado te ha mejorado como persona, agradeces quien fuiste y las reacciones que tuviste, y sabes que lo mejor que eres ahora es consecuencia de lo mejor que alguna vez has sido.

Es curioso cómo la gente se queda con una percepción tuya que obtuvo hace ya muchos años y desde allí es que te miran, es doloroso como las personas pueden llegar a creer que nadie es capaz de cambiar, y eso por supuesto te incluye, no importa cuánto estés luchando por demostrarle a los demás tus cambios, quien no se ha atrevido a hacer las cosas de un modo diferente, creerá que tú también te encuentras en el mismo letargo, y no entienden que solo puedes notar cambios en los demás cuando hayas hecho una remodelación de tu casa interna, cuando hayas movido escombros emocionales y hayas instalado lámparas de consciencia.

Como no te has estado percatado de tu amor propio, tampoco te has dado cuenta de cuánto has cambiado, hubo un tiempo en el que tenías una alianza incondicional contigo mismo, algo la rompió, alguien resquebrajó tu confianza, y te olvidaste de que antes sabías abrazarte y que todo era distinto, pero que bueno es reencontrarte contigo y saber que has podido tener varias versiones de ti en una misma vida, y que cada vez que volteas a verte te ves diferente y agradecido.

No trates de imponerle a los demás tu cambio interior, cada quien tiene su proceso y su ritmo, las crisis interiores te hacen profundizar en la trayectoria vital que cada quien está teniendo, así que entiende que el equilibrio lo encontrarás al desarrollar una intensa vida interior, a la cual a nadie debes invitar, deja que las personas descubran su propio camino interno.

Si andas en una búsqueda de crecimiento personal sabes que has cambiado, que has crecido y evolucionado, algo se desgarró y dejaste atrás a quien fuiste y tomaste de esa persona sus mejores aspectos, aceptaste tus lados oscuros y ahora los utilizas para iluminar tu destino, y después de tanto sufrimiento que se ha convertido en crecimiento, me atrevería a preguntarte ¿realmente te extrañas o prefieres a esta persona en la que te has convertido?