La mujer posesiva


Un día de inverno, la mujer posesiva estaciona su auto y camina. Entra al edificio, sube las escaleras y me mira por primera vez. Yo, con una sonrisa la invito a pasar a mi humilde morada. Se sienta en la silla más cómoda del lugar y yo también me siento frente a ella. Una mesa café nos divide, pero deseo conectarme con ella de corazón a corazón.

La mujer posesiva es una mujer que sufre, que no disfruta la vida. Es una mujer que se siente atrapada en el control de algo o alguien que simplemente no le pertenece. Sus carencias la invitan a creer que así es.

No necesito conocer dónde vive, cuánto tiempo lleva en la ciudad o cómo está vestida. Tampoco me interesa saber las actividades que realiza o los trabajos que ha tenido. Con su nombre y edad me basta. Me dispongo a escuchar su relato mirándola de manera compasiva. La mujer posesiva respira rápido, le tirita la voz y está a punto de explotar. Le ofrezco papel para secar sus lágrimas.

La mujer inconforme


Solo una vela alumbraba la  habitación, me asomé por la ventana, la luna llena brillaba en el cielo junto a miles de estrellas, definitivamente era una noche despejaba y salvo algún coche ocasional, apenas había tráfico, noté el frescor en la cara, mientras pensaba que por fin tenía un momento para mí misma en pensar cómo estaba transcurriendo mi vida, y de momento no pintaba nada bien, al menos desde mi punto de vista.

No se divisaba a nadie por la calle, demasiado silencio. A veces me pregunto si no me conformaba con lo que tenía, un trabajo monótono, con apenas tiempo para vivir, y eso las veces que tenía trabajo, todavía seguía viviendo con mis padres y alternaba mi vida con algún evento esporádico.

Tiempo atrás recuerdo proyectos que abandoné en algún cajón. Toda mi vida no era mala pero en el fondo sabía que podía hacerlo mejor. Hace unos años descubrí que me gustaba escribir, al principio escribía con cierta regularidad, aunque al tiempo, comencé a aparcarlo, por falta de tiempo, o eso decía yo, siempre tenía algo mejor que hacer.

Las horas pasan, los días, los meses y tengo la sensación que todo se repite, sin motivación, acepto lo que tengo, con resignación. Han sido muchos años donde mi vida la dirigían otros, porque realmente no sabía lo que quería.

Escribir para depurar emociones


Mi blog está cumpliendo cinco años de hermosa existencia y yo lo celebro por todo lo alto porque es mi refugio de letras y porque me ha permitido conocerme a través de la escritura y depurar emociones.

En estos espacios de soledad he escrito más de 150 artículos donde la aceptación personal ha sido la prioridad y el amor propio la bandera, mi vocación de escribir se ha afianzado con cada post y he conocido a una mujer que se escondía detrás de las palabras y de cada letra.

Después de todos estos años escribiendo solo puedo decirte que el ejercicio de escritura es grandioso porque las personas pueden descubrirse a sí mismas, escribiendo de todo y de nada se puede llegar a lugares recónditos de tu ser, puedes hacer el gran viaje de la mente al corazón y brindarte la gran oportunidad de identificar tus patrones y de buscar los mecanismos que utilizas para encontrar y recibir amor.