La mujer pesimista


Hoy empieza un día mas en este invierno que tanto me duele, en este pesimismo que tanto me pesa. Veo llover y mis ánimos acompañan al día. Incluso puedo oír el silencio que me asfixia roto por el ruido de la lluvia al golpear en el cristal.

Veo caminar por la calle a otras mujeres que parecen seguras y confiadas. A algunas se les ve incluso altivas y sonrientes. En cambio me miro a mi misma y me veo tan pequeña e insegura. Tan asustada por la vida… y tan lejana del resto.
 
Recuerdo a esa alocada adolescente, de pelo alborotado, optimista, atrevida y descarada con una seguridad en ella que hacía temblar a cualquiera. Recuerdo que le gustaban los días de aire porque “avivaba su fuego interno” decía. Hasta le gustaba mojarse cuando llovía y disfrutaba saltando en los charcos.

Me pregunto qué fue de ella. ¿Cuándo deje de sentirme así? ¿En qué batalla perdió las ganas de luchar? ¿Cuándo hizo los sueños de los demás propios para olvidar los suyos y dejarlos apartados  a un lado?

La mujer agobiada


Las mujeres han llevado históricamente la carga del hogar, es decir, el cuidado de los hijos, de los padres u otros familiares, así como las tareas domésticas. Sea por necesidades económicas o por autorrealización, se han incorporado al mundo laboral.

El problema de ese paso hacia la igualdad, que nos venden, que nos merecemos, es que en muchos casos no ha venido acompañado de dejar de hacer otras cosas. Muchas mujeres están jugando a ser súper mujeres que pueden con todo, haciendo auténticos malabares con sus responsabilidades. Ser madre, hija, abuela, amiga, mujer trabajadora, amante, enfermera, asistenta… Quieren hacerlo todo y hacerlo lo mejor posible y a menudo se ponen a sí mismas y su bienestar en segundo o peor lugar.

Es perjudicial para la salud mental y el bienestar emocional vivir en un constante agobio y estrés. Una mujer agobiada que quiere aprender a quererse deberá revisar varios aspectos de su vida así como su actitud ante la misma.