La mujer sedentaria


Recuerdo estar mirando por la ventana de mi oficina, pensar en todo lo que me estaba perdiendo y en las ganas que tenía de salir corriendo a recorrer el mundo.

Estaba atrapada en una rutina que me daba la excusa perfecta para ser sedentaria: despertar a las 07:00 de la mañana, desayunar, ir al trabajo en auto, sentarme durante 4 horas, salir en el auto a almorzar, volver a la oficina y sentarme durante 4 horas más.

Trabajar intensamente en el proyecto de otra persona y volver a casa cansada, frustrada y con ganas de echarme al lado de mi marido a ver Netflix, no tenía ganas de moverme al llegar la noche y mucho menos de madrugar para hacer ejercicio.

Vivía pensando en los próximos 15 días de vacación que tendría donde iba a hacer el “ejercicio del año” recorriendo algún lugar para después volver a la oficina y contar los días para las próximas vacaciones.

La mujer permisiva


Si nos ponemos a ver, en el pasado, las mujeres de antes eran más permisivas que las de ahora.

Actualmente se encuentran viviendo un rol de liberadas, de que ellas también pueden hacer lo que hacen los hombres en la calle: trabajar para ayudar en la manutención de su familia, entre otras cosas.

Si retrocedo unos años, cuando recién me organicé con mi pareja, la cosa era diferente. La mujer era la que tenía que hacer todo en la casa. No se veía eso de que un hombre ayudara con los quehaceres, ni con los niños. Todo nos tocaba a nosotras, o se caía la casa de mugre.

Y ni pensar en estudiar y trabajar al mismo tiempo. ¿Quién cuidaba a los niños y hacía las labores de la casa? Era una época en donde éramos tratadas como empleadas domésticas, y solo servíamos para hacer los deberes y tener niños.