Mostrando entradas con la etiqueta Confianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Confianza. Mostrar todas las entradas

Y si no tuviéramos miedo



¿Qué pasaría si no tuviéramos miedo? Si no viviéramos limitados por la ansiedad, el estrés o la tristeza, si fuésemos libres de pensamientos agobiantes, si la opinión de otro no fuese determinante, y si no tuviéramos miedo de ser auténticos, literales, espontáneos, decididos, capaces, valerosos, radicales, ¿qué podría ocurrir?

Y si fuésemos seguros de nosotros mismos, si tuviésemos la osadía suficiente para actuar o decir lo que pensamos sin la necesidad de herir a nadie, si fuésemos cautelosos con nuestras palabras para expresar asertivamente lo que nos acongoja o lo que no nos parece, si tomáramos en cuenta nuestras emociones, ¿y si no habría nada que esconder? Se imaginan que grandioso sería, tal vez ya no tendríamos que ser ni temerosos ni temerarios, ni víctimas ni victimarios.

Qué lástima el haber utilizado verbos dubitativos para estos dos primeros párrafos. Que certera será la vida cuando estemos conscientes que el miedo nos agrede energéticamente, que la impaciencia, la timidez, la crítica, la envidia, la rabia o los celos, son nuestros miedos manifestándose, enfrentándonos y confrontándonos, llevándonos de la mano hacia algún lugar que amerite el aprendizaje.

Celamos o amamos



Esta lectura es solo apta para inseguras y desconfiadas, si te consideras siempre segura de ti misma y sin la necesidad de sentir al menos una pizca de celos, abstente de leer, ya que este escrito está dirigido al celoso (compulsivo o no) que ha establecido este sentir dentro de su relación de pareja.

Algunos dicen que los celos son demostraciones de amor, otros afirman que son casos patológicos del comportamiento, lo que si es cierto, es que es muy desagradable sentirlo, sea constante o establecido implícitamente dentro de un juego de roles, donde uno cela mientras el otro se relaja, y viceversa, en ambos casos, siempre hay uno padeciendo y el otro pagando las consecuencias.

Los celos comienzan frente al espejo, cuando esa imagen que se devuelve nos dice si es digna o no de ser amada, los limites los establecemos nosotras mismas, el amor que nos dan es el amor que nos damos, suelo ser recurrente en esto, pero es importante tener en cuenta que hay un espejo que nos devuelve la imagen y hay otro espejo que nos devuelve las emociones, y este último es nuestra pareja.

Empaquemos la confianza


Solemos ir por la vida con las heridas abiertas, teniendo el resentimiento tomado de la mano, para no perder de vista los sufrimientos y desaciertos que nos han causado, y es así como la puerta de las posibilidades queda atascada ante la poca probabilidad que le apostamos a la confianza.

La confianza se funda en cada uno de nosotros, así que sin importar qué tan pervertido esté el mundo allá afuera, adentro, en nuestro propio mundo, debe haber florecido un hermoso jardín poblado de flores de confianza. Parece mentira, pero todo empieza por la poca fe que nos tenemos, desde ese cumulo de inseguridades e insatisfacciones, hasta ese lenguaje interno donde nos vamos saboteando cada intento, cada sueño que tiene la valentía de asomarse a nuestros pensamientos y persuadirnos a probar cosas nuevas, a todo lo etiquetamos con un contundente “no es posible”, “no es para mí”, “no me lo merezco”, “no en esta época de mi vida”, “no por ahora”; y así nos vamos negando y postergando, tal vez por miedo al cambio o por la poca confianza que nos tenemos para enfrentar lo nuevo. Cuando usted le dice a la confianza que lo novedoso está por llegar, algo muy interno se aterra, se aferra a lo que ya existe, y usted juega a esconderse tras una cortina de desconfianza para que lo nuevo no lo alcance, y así vamos por la vida, evadiendo nuevos espacios, nuevos proyectos, nuevos individuos.