Maura salió tan puntual como siempre a las 8 de la mañana en punto, como era su rutina, tomó su bolso, su monedero, sus llaves y su celular, dijo adiós a su gato y cerró la puerta detrás de sí. Caminando por el pasillo que la llevaba al garaje tropezó con una pequeña caja, se giró para recoger aquello que casi la hace caerse y vio que la caja estaba cerrada con una cuerda de yute y que tenía una tarjeta colgando que rezaba: “El Homúnculo de la Ansiedad – Para Maura”.
Una vez estuvo dentro de su auto, usó la llave de su casa como sierra para cortar la cuerda de yute que mantenía cerrado aquel cubo de cartón; cuando logró abrir, lo primero que encontró fue una hoja de cartulina blanca que tenía una especie de instrucciones o advertencias.
“Querida Maura, está usted en una edad estresante, ha sido muy disciplinada, centrada y correcta durante su vida; pero tememos que ha desarrollado ciertas actitudes que han llegado a la parte inconsciente de su cerebro, han sido tan recurrentes que su cerebro nos envió un encargo: Desarrollar Ansiedad.

