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El homúnculo de la ansiedad



Maura salió tan puntual como siempre a las 8 de la mañana en punto, como era su rutina, tomó su bolso, su monedero, sus llaves y su celular, dijo adiós a su gato y cerró la puerta detrás de sí. Caminando por el pasillo que la llevaba al garaje tropezó con una pequeña caja, se giró para recoger aquello que casi la hace caerse y vio que la caja estaba cerrada con una cuerda de yute y que tenía una tarjeta colgando que rezaba: “El Homúnculo de la Ansiedad – Para Maura”.


Una vez estuvo dentro de su auto, usó la llave de su casa como sierra para cortar la cuerda de yute que mantenía cerrado aquel cubo de cartón; cuando logró abrir, lo primero que encontró fue una hoja de cartulina blanca que tenía una especie de instrucciones o advertencias.

“Querida Maura, está usted en una edad estresante, ha sido muy disciplinada, centrada y correcta durante su vida; pero tememos que ha desarrollado ciertas actitudes que han llegado a la parte inconsciente de su cerebro, han sido tan recurrentes que su cerebro nos envió un encargo: Desarrollar Ansiedad.

Lo que la ansiedad nos dice



Vivimos un tiempo en el que es difícil relajarse, en el que estar en tensión y nervios es totalmente normal, días en los que anticiparnos al desastre es lo cotidiano y donde la preocupación siempre está activa aunque no existan motivos aparentes. Son tiempos de ansiedad en los que estamos inmersos, una emoción que pasó de ser útil a ser contraproducente y crear trastornos que se expresan en un estado de estrés constante, el cual trae como consecuencia agotamiento o irritabilidad, junto con una frecuente tristeza y desaliento asociados a la depresión.

¿Sabía que ese estado de decaimiento, desinterés y desánimo latentes es una de las primeras causas de discapacidad mundial? Los episodios depresivos que hemos llegado a tener son estados de ánimo en los que se apodera de nosotros una pesadumbre que denota rasgos de añoranza, pero llegamos a un punto en nuestra vida en el que no podemos sostener ni contener la tristeza, así que se desborda por medio de la ansiedad, volviéndose una lucha interna desgastante, agobiante y de batalla perdida.