No distraigas a la tristeza



Muchas veces por quedar fuertes ante los demás terminamos débiles ante nosotros mismos, nuestra cultura no acepta a la tristeza como una de las emociones básicas del ser humano y propia para la subsistencia, con tantos acontecimientos dolorosos que acaecen es válido sentirse tristes, pero cuando lo manifiestas, de inmediato te sugieren salir de ella para distraerla, despistarla y desaparecerla.

Ojalá se pudiese desaparecer a la tristeza con tan solo ignorarla, sería un remedio infalible y de rápida solución. De hecho cuando le mencionas tu tristeza a alguien más lo único que haces es recordarle su propia tristeza, así que la recomendación será evadirla para que juntos vayan a tirarla a alguna parte donde seguramente no los alcance.

Pero lamentablemente la tristeza siempre nos alcanza, y digo lamentable porque lo más probable es que se venga a juntar con alguna tristeza nueva, y ya no quede tiempo de esquivarla y esta vez sea imposible huir de ella, y puede que ahora no la lloren tus lágrimas pero sea alguna parte de tu cuerpo la que termine sufriendo por ella.

No abogo por un mundo de tristes, pero tampoco apelo por una sociedad de falsos que aparentan una no tristeza que termina delatándolos, se puede estar en el mejor lugar del mundo, viviendo una gran experiencia, y aun así, sentir una extraña congoja que no nos abandona, le llamamos a eso un no merecimiento y no identificamos una añeja tristeza que vive en nosotros, anunciándonos que aún no nos hemos percatado de ella.

No es lo mismo estar triste que perder el sentido de la vida, la gente suele confundirlo, si se está pasando por un mal momento es apropiado el permitirse padecer la tristeza y no esquivarla o salir a distraerla hasta que se vaya, ya que el estruendo constante de la memoria no se va a callar así cerremos nuestras heridas a portazos, así tratemos de borrarla o refugiarnos con ella en alguna adicción y hacernos creer que ya la olvidamos.

Si justo ahora sientes un descontento por todo, si la frustración te invade y no encuentras un motivo aparente para mantener en ti una tristeza constante, revisa qué herida aún llevas abierta, en qué lado de la vida dejaste apartado algún sufrimiento o cuándo le diste la espalda a algún desconsuelo.

Por ausentar a la tristeza, ella termina forjando raíces en nuestros adentros, juramos que la hemos despistado, nos mudamos de casa, de país y hasta de continente, y un buen día descubrimos que nunca se fue, que no logramos escondernos, que nos vestimos de alegres, pero al quitarnos las máscaras, ella nos miraba en el espejo, así que no queríamos quedarnos solos porque susurraba que allí permanecía, que esperaba por nosotros, que solo quería atención para luego irse en silencio.

Recuerda la última vez que distrajiste a una tristeza, te escondiste tras los muros de la alegría, pero se derrumbaban cuando sentías decaerte, ella solo quería que la lloraras, que te detuvieras un rato, que reflexionaras y entendieras que existen momentos difíciles, pero que la vida siempre te recompensa, pero la obviaste, le dijiste que viniera luego, que la recibías más adelante, que por ahora estabas ocupado, que la juventud no es para detenerse, que se juntara con otras tristezas y que volviera cuando estuvieras viejo.

Y así te fuiste distrayendo, creyendo que no volvería, la vida siempre nos encuentra y la tristeza no nos esquiva, lo que sea que hoy te duela, no lo postergues, no supongas que con irte ya no coincidas con ella, porque cuando te encuentres de frente se te desbordará la herida.

La tristeza es un alivio del alma, es apaciguar las expectativas, es decirle al corazón que aprenda a amar de otra manera, es reconstruirte los sueños, es mirar la vida desde otra perspectiva, es llorarla hasta quedarte dormido y sentir al despertar que te quitaste un gran peso de encima, es reorganizar las emociones, es descubrir tu propio silencio, es limpiarte por dentro y recordar con agradecimiento.

Si la distraes te pierdes del crecimiento, te refugias en otras tristezas y te tropiezas con ella de nuevo, no vale la pena distraerla, no es pertinente huirle y jugar a que no nos encuentra, porque en realidad nunca nos suelta, nos mantiene atrapados aunque creamos que la dejamos en alguna parte del olvido, cuando siempre estuvo intacta vigilando nuestros miedos y sentidos.

Nada de lo que vivimos se va hasta que no le hayamos hecho un verdadero proceso, el dolor hay que enfrentarlo, las heridas hay que cerrarlas, los perdones hay que darlos, las tristezas son para llorarlas y no para distraerlas, si a alguien perdiste o ya no tienes algo, es pertinente estar triste, pero no lo grites a los cuatro vientos, que a los demás les aburren los tristes, aunque todos lleven por dentro alojada una profunda tristeza.

En este mundo de “alegres” no cabemos los tristes, lo mejor es entonces desahogar la tristeza con quien de verdad te comprenda, refugiarte por un rato en tu dolor y salir luego airoso dispuesto a creer en la vida y a saber que quien es feliz también sabe ser de vez en cuando una persona triste.