La mujer permisiva


Si nos ponemos a ver, en el pasado, las mujeres de antes eran más permisivas que las de ahora.

Actualmente se encuentran viviendo un rol de liberadas, de que ellas también pueden hacer lo que hacen los hombres en la calle: trabajar para ayudar en la manutención de su familia, entre otras cosas.

Si retrocedo unos años, cuando recién me organicé con mi pareja, la cosa era diferente. La mujer era la que tenía que hacer todo en la casa. No se veía eso de que un hombre ayudara con los quehaceres, ni con los niños. Todo nos tocaba a nosotras, o se caía la casa de mugre.

Y ni pensar en estudiar y trabajar al mismo tiempo. ¿Quién cuidaba a los niños y hacía las labores de la casa? Era una época en donde éramos tratadas como empleadas domésticas, y solo servíamos para hacer los deberes y tener niños.

Claro que a mí no me tocó tan drástico, pues tuve la oportunidad de estudiar y capacitarme en algunos cursos. A pesar de tener una hija pequeña; conté con la ayuda de mi cuñada y de mi marido para poder sacar adelante algunos proyectos de vida. Así que no me quejo, pues fui de las afortunadas.

He conocido a muchas amigas y familiares que han sido permisivas a lo largo de su vida. Dejaron que sus maridos o familiares hicieran de su existencia algo desastroso; y no han podido surgir y hacer lo que ellas realmente querían. Todo por seguir los deseos de los demás, sin importar los de ellas.

Tengo casos cercanos donde han sido maltratadas, ultrajadas física, emocional y moralmente. En algunos casos me he metido, como siempre, pues las injusticias me ponen los pelos de punta. Lo digo a menudo: lo que no quiero para mí, no lo quiero para nadie.

Uno de esos casos que más me han tocado fue el de mi sobrina. Su marido la maltrataba y la mantenía encerrada con sus dos hijos pequeños. Sin embargo, ella no dejaba a su pareja por no dejar a sus hijos y porque decía estar enamorada.

Así estuvo unos años hasta que un día el tipo le disparó en una pierna; y ella, como pudo, se le voló de la casa dejándole a sus hijos se fue para una ciudad sola; sin dinero y sin conocer a nadie.

El asunto es que descubrió, por ella misma, que ser permisiva no era la mejor vía de acción. El padre de sus hijos estaba acabando con ella y terminaría matándola si seguía permitiendo que la tratara de esa manera, y aunque pasó, y pasamos todos con ella una etapa muy dura, contó con la suerte de conseguir un trabajo y salió sola de la inmundicia en la que se permitió vivir.

Tengo otra amiga que fue maltratada por su pareja y luego por sus propios hijos. Sí, como lo leen. Esto es algo que nunca entendí, pues era una persona que se desvivía por darles lo mejor. Trabajaba de sol a sol para que no les faltara nada; y ahora le pagan con una patada en el trasero.

Es algo incomprensible. Y eso solo me hace pensar que a los hijos ni mucho que queme al Santo ni tan poquito que no lo alumbre. Porque ahora que están grandes e independientes; en vez de darle, todavía la siguen exprimiendo. No sé cuándo se quitará ese yugo de encima.

De hecho, la siguen tratando como si fuera el banco; y ella sigue ahí trabajando para ellos, en vez de desentenderse y que se defiendan como puedan.

La pobre es tan permisiva y paciente con ellos que no puede ahorrar un peso para su vejez. Y el problema es que seguro cuando ya no pueda trabajar más, no estarán ahí para tenderle la mano.

Y es que, en definitiva, hay muchas formas de ser permisivas en la vida. Con los hijos, la pareja, los padres, hermanos, vecinos, amigos, clientes…

Y es que si nos dejamos mangonear, solo viviríamos para darle gusto a un sin fin de personas que no nos dejarían vivir la vida libremente y como nosotros queramos.

En mi caso particular, creo que pocas veces he dejado que alguien opine por mí, o incluso que pase por encima.

Siempre he tenido presente que primero yo, segundo yo y tercero yo. Eso sí, sin atropellar a nadie ni pasando por encima de los demás. Siempre tratando a los demás como me gustaría que me traten a mí.

Desde niña saqué las uñas, pues en mi casa tenía un hermano que quería vivir encima pegándonos a mi sobrina y a mí; que éramos las que vivíamos con mi mamá. Pero yo nunca dejé que me tocara, pues siempre me enfrentaba a él y por lo regular salía mal parado. No me importaba tirarle lo que tuviera a mano.

Una vez me quemó unos libros, porque según él eran una perdedera de tiempo. Pues yo le cogí la guitarra, objeto que quería y le importaba más que nada en la vida; le quité las cuerdas y por poco se la destortillo contra el suelo. Ahí le dije que, si volvía a meterse con mis cosas, le volvía chicuca su guitarra.

Con esto se aplacó el chico y dejó de meterse conmigo, más no con mi sobrina. Pero tan de malas un día pasó que lo descubrí golpeándola; y de una que me voy contra él con un palo de madera con el que se revuelve la natilla, y por poco lo descalabro de la ira que me dio.

Cuando empecé a salir con el padre de mis hijos me tocó, desde el principio, dejar las cosas claras antes de que me la montara. Si de novios ya quería opinar sobre mi forma de vestir o de verme, qué tal.

Una vez le dije que me iba a cortar el cabello y me va diciendo "pues hágalo y verá". Pues me lo corté para ver que iba hacer, y aunque estuvo varios días enojado, se acostumbró a verme sin mi melena.

Luego cuando vivimos juntos, que si no le gustaba como planchaba la ropa, "pues entonces planché usted, que a mí no me gusta". Le dije. Y así por el estilo en varias cositas, me tocó sentar precedente antes de que se agrandara la cosa y luego no hubiera forma de dar marcha atrás.

Le tocó sufrir un poco conmigo, pues estaba muy mal acostumbrado, pero con el tiempo nos amoldamos.

En la casa la única que alega soy yo, porque los demás saben que cualquier cosita y les dejo de hablar, y algo que les moleste a ellos es que yo no los determine, así que les toca pianito.

El caso conmigo es que no soy de las que se queda callada ni aguanta por el que dirán o porque es lo mejor para los demás. Si no lo es para mí, de malas los demás.

Si acaso por mis hijos he permitido una que otra cosa, pero no sin dejar precedente de que si algo no me gusta me puedo desquitar luego, ya que me gusta dar de la propia medicina. Así que lo que no quieran para ellos, no lo quieran para mí.

Por lo tanto, estoy convencida de que cada una de nosotras labramos nuestro propio calvario o paraíso, así que no hay de dónde quejarnos, recogemos lo que sembramos. Si permitimos que nos maltraten es lo que vemos en el presente y veremos en el futuro.

Con estos ejemplos me gustaría invitarte a reflexionar sobre este tema de ser permisiva y hasta dónde estás llegando por complacer a otros olvidándote de ti misma. Recuerda que, si hay que ser fiel y leal a alguien, ese alguien eres tú.

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Tengo un par de años leyendo el blog de Amparo, y entre comentarios y compartir lecturas de ambas, se me ocurrió la genial idea de que escribiera sobre la mujer permisiva, y algo sobre lo que hice énfasis cuando la invité a este proyecto fue que recalcara en el relato esa forma jocosa que ella tiene de escribir y con la que siempre enganchan sus textos.

Amparo no solo nos regala a una mujer permisiva, sino que nos ofrece muchos ejemplos de cómo se puede ser permisiva en varios aspectos de la vida.

Porque el permitirnos sentires y emociones es algo de lo que tenemos total potestad sobre nosotras, pero también nos permitimos y le permitimos a otros la forma cómo deben tratarnos, y es aquí cuando mi invitada hace hincapié sobre la línea del tiempo en qué tan permisivas hemos sido las mujeres a lo largo de la historia.

Tal vez estemos justo en una época en la que el empoderamiento esté de moda, pero aun así, el permitirle a otros sigue siendo tendencia. Permitimos opiniones, mandatos, directrices, incluso permitimos que la forma como otras personas perciban la vida nos afecte, es por ello que estos relatos son tan maravillosos porque nos brindan perspectivas que tal vez no sean tan fáciles de vislumbrar.

La forma de escribir que tiene Amparo tenía que estar entre estos relatos, la percibo como una mujer directa y aguerrida, que no se esconde tras la aprobación de quienes le rodean ni se enreda con el consentimiento de nadie.

Ella se considera una apasionada de la vida, una mujer alegre y optimista que siempre le encuentra lo bueno a lo malo, tiene una filosofía de vida que consiste en hacer lo que le gusta y cuando quiere, cree en la sonrisa como un poder porque sin ella la vida sería muy aburrida.

En su blog escribe sobre cotidianidades de una manera tan particular con las que te puedes reír muchísimo, usa frases tan graciosas y elocuentes que siempre es un placer leerla.

Ya puedes seguirla en Twitter y estar al tanto de lo que publica.