También sé reírme



Hace algunos meses alguien a quien amo mucho me dijo que siempre veía en mis escritos a una Eliana triste y no a una persona que también saber ser alegre y ocurrente, tal vez esto sea porque cada vez que escribo saco a relucir mi lado más reflexivo y filosófico y descarto del todo a esa yo chistosa que ríe a carcajadas y adora de vez en cuando ser la humorista de las reuniones.

Pero sí, también sé reírme, también suelo ser jocosa e irreverente, impulsiva y burlista, es que no solo me gusta reír sino hacer reír a los demás, siempre digo que si se me hubiese presentado la oportunidad sería capaz de subirme a un escenario y ridiculizar a algún personaje y hacer caras graciosas hasta que todos mueran de risa, de hecho cuando cuento chistes (que es mi gran especialidad) me encanta dramatizar y hacer en la historia desenlaces improvisados, exagerados y llenos de humor.

Pero también suelo ser emotiva y vulnerable, no se me hace difícil romperme ante la vida sin la necesidad de esconderme tras una sonrisa fingida para que todos me crean muy fuerte, porque si de algo no puedo esconderme es de mi propia cara que siempre expresa lo que siento sin saber escabullirse en la diplomacia o en la hipocresía.

Pero con el tiempo he aprendido también a hacer una risa silenciosa, estoy consciente que no siempre se tiene que ser el centro de atención para divertirse ni para divertir a otros, llega una etapa en la vida en la que comprendes que puedes llegar a ser un espectador y no por ello vas a dejar de reírte, aceptas que también es posible reírse sin hacer aquel escándalo que la juventud lleva con sus años y que hay personas que por más que intentes agradarles no soportarán tu risa.

Por supuesto que me gusta ser feliz aunque en muchos de mis escritos abogue por la tristeza, pero es que no creo en un mundo de falsos alegres que nos hacen creer con sus falsas risas que dejar de hacerlo sería resquebrajarse, porque la supuesta felicidad es sinónimo de una fortaleza que por más que trates de mantenerla se rompe por dentro mientras nadie se permita de vez en cuando estar triste.

Es cierto que existen muchas personas positivas, esas que siempre le ven el lado bueno a la vida o esas que resultan ser hasta molestas con su felicidad perenne, pero en definitiva no me creo cuando alguien me dice que nunca llora, esos que juegan a construir murallas de dolor  detrás de una risa no son para mí auténticamente felices.

Sé reírme de la vida pero también me permito la tristeza, me permito la frustración y no siempre estar de buenas, creo en las sonrisas amables que abren puertas y creo en el llanto sincero que alivia el alma y las penas, porque para mi reír y llorar son tan indispensables como respirar y comer, cuando algo no me gusta me permito sentirlo, cuando algo me agrada me abro a sentirlo, cuando algo me duele me permito llorarlo y cuando algo me alegra me permito reírlo.

Si me conoces y has compartido conmigo sabes que me encanta reír, si solo me conoces por medio de mis letras, puede que haya causado en ti una sensación de tristeza, pero es que estoy convencida que para crecer y ser realmente fuerte hay que estar un rato en el lado oscuro del alma, si has compartido conmigo más allá de la risa, también sabes que soy un tanto dramática y que uso el llanto como el bálsamo que limpia las heridas.

Estoy creciendo cada día y todo para mí es un aprendizaje, cuando mi madre me dijo hace ya varios meses que en mis escritos me notaba triste, quise darle una explicación inmediata y refutar su opinión, pero entendí que desde su perspectiva así ella me veía, y no es que esté triste cuando escribo, es que me gusta analizar a la tristeza.

Esto de escribir para el crecimiento personal tiene sus desventajas, muchas veces siento como si tuviese activado un libro de autoayuda en mi cabeza, encendido y dando vuelta y analizando cada una de mis emociones, tomándose incluso el atrevimiento de analizar a los demás, es por ello que me gusta permanecer más tiempo callada porque he descubierto que así me siento más cómoda, así que no he dejado de reír, solo que prefiero ahora estar más reflexiva y tal vez esto me haga ver más seria, pero sigo entusiasmada y feliz de estar viva, aunque de vez en cuando me junte a charlar con la tristeza.