Definiendo a mi lectora ideal



Este blog ha crecido y yo he crecido con él, hay quienes han ido creciendo conmigo y hay quienes se han ido bajando de este tren, están los que recién se incorporan y están los que se han ido por un tiempo y han decidido volver. Así que considero este un buen momento para definir a mi lectora ideal, y cuando digo lectora no quiero decir que esté descartando a mi amigo lector, solo que escuchando en estos días a una de mis blogueras favoritas Diana Garcés, le termino dando la razón cuando recalca que por siglos hemos leído literatura escrita por hombres y para hombres, por lo que es un excelente momento para leer escritos de mujeres inspirados en mujeres.

Mi lectora ideal es una mujer mayor de 35 y menor de 55 años, es autónoma, inteligente e innovadora, ya ha sido lo suficientemente infeliz como para no querer repetir la lección, ella ya se enamoró perdidamente y cometió algunas locuras de amor que le hicieron crecer después de padecer, ahora está trabajando en ella misma, en su amor propio y participando de un amor adulto no solo con su pareja sino con el resto de sus relaciones.

Me agrada saber que mi lectora ideal ha tenido la oportunidad de viajar y conocer muchos lugares, y aunque no es fanática de los aviones, no pierde la oportunidad para conocer al mundo, probar nuevas comidas y descubrir otros cielos. Le fascina leer, así que puede pasar una tarde de domingo leyendo un buen libro o dedicar una noche del viernes leyendo artículos viajeros, le encanta asistir a charlas y conferencias de crecimiento personal, está estudiando un segundo idioma y dejó de hacer dietas y ahora prefiere disfrutar más de la vida y las simplezas cotidianas.

Lo que más me gusta de ella es que está enfocada en su crecimiento personal, además está emprendiendo la adultez saliendo de todos esos conceptos preestablecidos que la ataban en torno al amor y a la pareja y que le hacían creer en un amor hacia el otro olvidándose de ella misma. Ha entendido que es un ser humano lleno de cambios constantes por lo que está abierta y receptiva a aprender de cada cosa que vive, y como sabe que la vida en todo momento habla de ella, entiende que cada persona que compone su cotidianidad le muestra lo que le gusta de sí misma y lo que todavía no se acepta.

Me enorgullece saber que trae consigo esa personalidad tan característica que tanto admiro, la cual no deja de lado para agradar a otros, lleva su pasado sin que ello signifique una carga emocional, ya que ha llevado su repertorio de vida desde una enorme complejidad a un gran aprendizaje, se ha permitido limpiar su basura emocional sin verse en la necesidad de desechar sus escombros sobre las personas que ama, así que ahora cambia culpas por responsabilidad y no le pone rostro a la felicidad.

Me encanta saber además que ya no habla con reproches ni se excusa de argumentos, es tan maravillosamente autentica que ya hasta se le nota en la piel. No es exclusivamente madre ni exclusivamente esposa ni exclusivamente empleada ni exclusivamente de nadie ni de nada, ha aprendido a ser integral con los escenarios y personajes de su vida, y aunque viva rodeada de muchas personas, también sabe ir sola y aprovechar esos espacios que tiene para sí misma.

Cuando ve mi correo en su bandeja de entrada se emociona, algunas veces lo abre de inmediato y otras lo guarda en un lugar virtual especial para leerlo luego con detenimiento. Aprecio que no lea para leerme, sino que lee para leerse a sí misma, se identifica tanto con cada una de mis letras que muchas veces me lo ha hecho saber, no se queda solo como una lectora pasiva que recibe el mensaje y lo interioriza, sino que me escribe de vuelta o lo deja plasmado dentro del post dando su aporte y diferentes alternativas.

Como sabe que la vida constantemente le habla a través de las personas que le rodean, también sabe que la vida le escribe y le deja mensajes que ella descubre y atribuye a sus vivencias, comprende de manera reflexiva, y lo mejor de todo, es que no lee entre líneas sino que se deja sorprender en cada párrafo, así que una vez culminada la lectura hace dos cosas: primero comparte en su red social preferida, y segundo, reenvía el correo o responde al mío, es genial porque siempre tiene algo que decirme, son palabras que en definitiva se han vuelto una gran inspiración para mí.

Así que como hemos invertido una gran cantidad de tiempo para inspirarnos mutuamente y para participarnos sobre nuestros encuentros y desencuentros, se ha convertido muchas veces en la protagonista de mis escritos. Le he comentado sobre viajar juntas y recorrer el mundo, de sentarnos frente al mar con una botella de vino y ponernos al día en cuanto a la vida concierne.

Mi lectora ideal no lleva prisa y eso es maravilloso porque la ansiedad no la atrapa, no se queda atascada en la aprobación de nadie y no espera respuestas inmediatas, es ella misma, simplemente en su esencia con su locura y su cordura, con sus buenos ratos y sus malos días, ella me lee y yo la leo cuando me responde, cuando me sugiere, cuando me pregunta y hasta cuando me olvida, está al otro lado de mis letras y yo me siento frente a ella llorando mis palabras, gritando poesía.