La escritora detrás de un blog de crecimiento personal


Lo más difícil de escribir sobre crecimiento personal es ser congruente y aplicar lo escrito a las acciones, integrar lo que se lee en las relaciones y reaccionar ante la vida como si ya todo estuviese aprendido, ya que se puede tener una muy buena colección de teoría, pero si no lo integramos en nuestro comportamiento diario, se establece una rara sensación permanente de equivocación emocional y afectiva.

Yo escribo para comprender lo que aún no le entiendo a la vida, para despojarme y sanar viejas heridas, para intentar ser cada día la mejor versión de mí misma.

Si converso con alguien que estoy deprimida o un poco triste o aturdida de soledad, lo primero que me dice es: “no estás haciendo lo que escribes”; pero es que escribo para no dejarle al alma tanto peso, para dejarme en evidencia ante la mirada de una lectora que busca desaforadamente letras que son espejos, palabras que son consuelo.

No vamos a la librería por un libro de autoayuda a preguntarnos si el autor logró o no lo que nos disponemos a leer, no costeamos una obra con la duda de si el escritor lleva una vida plena o si tiene la infelicidad desbordada, nos llevamos algún libro a casa con la esperanza de que algún párrafo, tal vez un capítulo entero, se pare frente a nosotros y nos describa y nos atienda y nos entienda y nos haga saber que alguien también ha padecido como nosotras, sólo que tiene la voluntad de escribirlo y hacerlo notorio.

Quienes han seguido este blog podrán conseguir a una escritora que no pretende cambiar al mundo ni imponer directrices, sólo es una persona tras un cumulo de letras, derribando emociones viejas, construyendo emociones nuevas.

Es cierto, le he cambiado la mirada a la vida, pero el cambio no ha sido rotundo, el camino sigue siendo aún muy largo y aún queda mucho por escribir.

Luego de recorrer estos casi cinco años escribiendo y trazando experiencias de vida, mi percepción se ha hecho más aguda, claro que la escritura amerita mucha más lectura, así que me he vuelto más lectora de libros y personas, observadora de las emociones de otros, puedo intuir con el lenguaje corporal y verbal si alguien aún lleva abierta la herida que se propinó en algún momento, si el amor propio existe o si se encuentra extinto de él.

También puedo percibir cuando estoy controlando o manipulando, cuando dejo que algo me perturbe, cuando estoy apegada, cuando me cuelgo del recuerdo, cuando me angustio por lo que aún no sucede, cuando reacciono de acuerdo a una dinámica relacional ya establecida, puedo discernir cada sentir y lo hago certeza, y trato por lo posible de convertirlo en una emoción más sana, en una emoción que no duela.

La escritura me ha permitido ser más equilibrada emocionalmente, con cada nueva palabra he limpiado los escombros del pasado, trabajo a diario para tener relaciones más sanas, inspirar a mis lectoras y encontrarme con mi esencia y amarme con locura.

He tenido la humildad suficiente para aceptarme insegura, herida, vulnerable y susceptible, y cuando publico un nuevo post lo hago desde la empatía, sabiendo que todas tenemos miedo al abandono, a no ser amadas, a no ser suficientemente buenas, al rechazo.

Todas tenemos ganas de querer sin heridas, sin reproches ni lamentos, de que la duda no nos arrope, de que el pasado no nos duela, pero esa percepción de amor que nos hemos creado lleno de desconfianza y desamor no es el propio ni el adecuado, y es por ello que escribo para derribar viejos conceptos, para construir nuevas creencias.  

Como escritora de un blog sobre crecimiento personal te escribo también como una lectora compulsiva de blogs sobre crecimiento personal, y me he dado cuenta que muchas mujeres estamos pasando por lo mismo, solo que la experiencia la estamos haciendo con personas diferentes y en lugares distintos.

Si has tenido la oportunidad de seguir cada lectura, de apropiarte de alguna, de remarcar algunas líneas, de abrazarte a algún párrafo, o que alguna frase haya tocado un momento de tu vida, ya me siento agradecida, con el solo hecho de reflexionar comenzamos a modificar creencias y actitudes mentales, a tener un concepto de nosotras mismas mucho más fortalecido, y eso es lo que cada escritora quiere de su lectora.

Detrás de un blog de crecimiento personal hay una mujer que se informa, que se educa en el amor, que ha pasado por noches oscuras, que ha rechazado su soledad pero que ahora la abraza, una mujer que lee a otras mujeres, que habla con ellas, que empatiza.

La mujer que comenzó a escribir hace cinco años no es para nada la mujer que escribe ahora, ya no me desgasto, no asumo, no me acoplo a expectativas, no me aferro a lo que no se dijo ni armo en mi mente conversaciones inconclusas.

Si algo me ha regalado el escribir en este blog y en los cuadernos donde aún duermen párrafos que aún no publico, es a respetar mis espacios, conocer mis emociones, escuchar mi cuerpo, comprender mi vida.

Y si algo agradece cualquier lector que entra a un blog de crecimiento personal es encontrar a alguien tan real como el que lee, tal vez alguien ya superado pero no tan avanzado como para sentirse con la potestad de juzgar a su lector o sentarse en un pedestal a observar cómo el resto sube hacia el crecimiento personal.

Como lectora aprecio la humildad de quien escribe y como escritora entiendo que el camino no ha sido fácil, y sé que una vez que emprendes el camino del desarrollo personal ya no hay retorno a lo que antes fuiste, aunque puedes voltear la mirada para escribirlo y desnudarte ante una lectora que coincide contigo, aunque también hayan personas que se nieguen a verse en el espejo de tus letras.

Tener un blog sobre crecimiento personal es la mejor oportunidad para conocerte a ti misma, hay personas que me han dicho que no me leen porque no creen en lo que escribo, pero eso no me ha vulnerado ni me ha hecho desistir de este camino, porque es un camino que yo estoy recorriendo aunque lo publique a través de mis letras, y le agradezco a todo aquel que me acompaña en el recorrido.