Todo se hereda (Post invitado)



Este es el tercer post invitado del blog, me encanta cuando el lector se convierte en escritor, cuando la lectura también es participativa e interactiva, cuando alguien tiene un lugar significativo dentro de este blog y se siente feliz por tener y ser parte de un espacio de soledad. Mary Rosa la conocí cuando estudiamos juntas Licenciatura en Letras en Venezuela, es una mujer fantástica y llena de mucho amor, cuando hicimos la sesión de fotos para este post, fue un reencuentro muy lindo y lleno de grandes emociones. Ella nos trae un punto de vista muy interesante, así que lee sus párrafos y déjate llevar por sus sabias palabras.

Estimado lector: imagine Usted por un momento que nace un bebé en su familia, y toda, reunida a su alrededor, inicia esa típica búsqueda de los rasgos ancestrales: la sonrisa del abuelo, los ojos del papá, las cejas del tío, el color de piel del tátara abuelo y un largo etcétera de fisonomías que van armando el rompecabezas cromosómico del niño, sin que él siquiera lo note.

Así, tal como sucede con el genotipo, también sucede con las emociones: heredamos formas de sentir, de ver al mundo, de entrar en contacto con los demás y de relacionarnos. Si bien es cierto que nuestros antepasados nos dejan claras huellas en nuestra humanidad, también las dejan en nuestro mapa emotivo.

Mi papá dice que soy igual que mi abuela porque lloro por todo y por nada, y es cierto. Pero lo importante no es ser de un modo u otro, sino tomar conciencia de ello y hacer frente a esos modos “heredados” de sentir, para cambiarlos, si es que no nos gustan, o sacar provecho de ellos potenciándolos y poniéndolos a nuestro favor. Está en nosotros analizar y sacar a flote de ese mar de sentimientos todo aquello que sirva de provecho a nuestro ser, esto implica el ser sociables, el ser solidarios, el ser generosos, el ser empáticos. Potenciar esas emociones que nos apalanquen en el mundo y dominar las que nos produzcan incomodidad, dolor o sufrimiento como la tristeza, el desconsuelo, la avaricia o la poca empatía.

Tal como apunta Alejandro Jodorowski en su libro “Psicomagia”, pasearnos por nuestro árbol genealógico nos permite bucear en el origen de nuestros actuales malestares. Al detectarlos podemos pasar del conocimiento a la acción, que es donde verdaderamente surgirá la superación de esas trabas que no nos permiten avanzar.

Se dice que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿será porque nos urge un trabajo de reconocimiento de esas maneras de sentir heredadas y asumir nuestros errores a conciencia? No podría responder a esta pregunta si no tengo clara mi herencia emotiva. Ser audaces no solo tiene que ver con el arrojo con el que asumimos la vida, es también la actitud que como un calco nos coloca la familia al nacer.

Si en nuestro plan de vuelo está dejar al mundo mejor de como lo encontramos, debemos hacernos cargo de nuestra propia emocionalidad, de esa forma de sentir que heredamos de nuestra familia, pero ¿cómo lo podemos hacer?, ¿cómo re-programas esos genes emocionales que nos marcan a sentir y a vivir de maneras que, hasta ahora, no nos satisfacen? Primero necesitamos analizar nuestras conductas, observarlas y comprenderlas, no para justificarnos a nosotros mismos y por ello dejarlas cómo están; más bien, al entenderlas, logramos amarlas y entramos en conciencia con esos pensamientos y actitudes nocivas y heredadas que nos impiden ser felices.

En la medida que vamos tomando conciencia de todo esto, nuestra autoestima aumenta porque nos damos cuenta que nuestra manera de sentir, amar u odiar tiene un sello propio, es única, original, no se parece a ninguna otra. No odiamos a una persona en particular o circunstancial porque nuestro abuelo así lo inculcó en la familia: por años mi padre ha rechazado a personas de una nacionalidad “X” por el simple hecho de que su padre también lo sentía e inculcó en él ese sentimiento, hoy yo estoy consciente de ello y no por eso voy odiando a todo el que me diga que su familia es de tal o cual nacionalidad.

Todo pasa por el cristal de nuestras emociones y todo lo vivido va dejando marcas en él, comencemos  a conocerlo, para limpiarlo y dejarles a nuestros herederos un mapa emocional que se conecte con lo positivo y podamos ser nosotros el cambio que deseamos ver en el mundo.

Resulta fundamental buscar espacios de soledad en los que nos encontremos con todo lo que sentimos y cómo lo sentimos. La vida moderna  y sus prisas son capaces de llevarse por delante hasta la más sutil de las emociones. No lo permitamos. Procuremos a diario unos minutos para nosotros, para la reflexión e incluso para el perdón y la oración, con esto de seguro nos sentiremos mejor y expandiremos nuestro bienestar a otros a nuestro alrededor.

Mary Rosa Quinteiro A., Sociólogo (UCV),  Diplomada en Gerencia Social (Venezuela) y con Maestría en Métodos de Investigación en Ciencias Sociales (España).
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