Vinimos para amarnos


La gran tarea de todos es aprender a amarnos y marcharnos de este mundo amándonos con locura, pero resulta tan difícil eso de querernos, es más fácil amar a nuestros hijos, nuestros padres, nuestra pareja, nuestros hermanos, nuestros amigos, pero ¿amarnos? ¿sentirnos plenos en soledad? ¿descubrirnos y no abandonarnos? que ardua tarea la que nos coloca la vida, y si supiéramos que es la única gran tarea que tenemos, la que debemos entregar antes de irnos y rendir cuentas con el amor propio a cuestas, pero no un amor que se parezca al egocentrismo, un amor que sea nuestra más sublime esencia.

Muchos de nosotros vivimos enojados con alguna parte de nuestro cuerpo, tal vez algún accidente o un defecto físico nos dejó presa la mirada y no nos dimos la oportunidad de ver el resto, de darnos cuenta que somos maravillosos, únicos y perfectos; no hemos sido indulgentes con nuestros aspectos negativos, algo externo no ha dejado que nos acerquemos a lo interno y nos hemos limitado a mirar lo que no nos gusta, ausentándonos del alma poniendo como barrera el cuerpo.

Hay muchas personas que se abandonan a sí mismas creyendo que amando a los demás compensan a la vida, y lo que hacen es ratificar ese abandono que van sintiendo en todas partes, pero cuando tenemos una relación con nosotros mismos no hay abandono posible que quepa, y es que cuando no nos escuchamos o permitimos que las cosas penetren en nosotros y nos hagan daño, o cuando no ponemos límites o no nos respetamos, o fumamos o tomamos en exceso o consumimos algún tipo de droga, le estamos gritando al mundo lo poco o nada que nos queremos y estamos sentados frente a frente al abandono profundo que nos otorgamos.

Podemos tratarnos igual como lo hacemos con quienes más queremos, aunque las personas de nuestra vida son un reflejo exacto del amor que nos tenemos, llegan a nosotros porque nuestro amor propio las atrajo, así que nadie es una equivocación, todos han sido tan certeros como nuestros sufrimientos, cada prueba sólo ha sido un peldaño más al que hemos debido avanzar para alcanzar el amor que no nos estamos dando.

¿Alguna vez alguien le hizo creer que no merecía el amor? Nada nos hizo más susceptibles a nuestro desamor que creer que existía alguien de ejemplo, le adjudicamos a otros la potestad de indicarnos el camino hacia nosotros mismos, cuando en realidad no hay nada en lo externo, las huellas son nuestras, el rastro lo ha marcado nuestra experiencia, el destino somos nosotros, aunque nos estemos buscando en otros rostros, creyendo que la felicidad se encuentra afuera.

Amarnos son todas esas veces en las que quisiéramos tener los brazos más largos para abrazarnos, cuando decidimos cuidarnos, apoyarnos y no traicionarnos para complacer a otros. Amarnos es preferirnos, aceptarnos, no buscarnos en otras personas ni compararnos con nadie.

Amarnos es dejar de criticarnos, es apagar esa voz dentro de nosotros y ser más amables, apacibles y pacientes, si eso que nos decimos viniera de afuera, seguramente no lo toleraríamos, ya hubiésemos establecido un límite con esa persona que nos vive diciendo: "si estás gorda", "que fea amaneciste hoy", "eres tan tonta", "todo lo haces mal"; tenga por seguro que si eso viniese de alguien, todos los días y con bastante frecuencia, sería muy molesto y frustrante, habría confrontación, culpas y quejas, tal como ocurre en nuestro interior cada vez que nos criticamos.

Elogiarnos por lo bien que hacemos las cosas puede ser un buen comienzo para amarnos, también podemos empezar por no maltratarnos, tensamos los músculos, lo emocional recae sobre nuestra digestión, nos alimentamos de rabias y rencores, llevamos en nuestros hombros a personas que de seguro ya ni nos recuerdan, desperdiciamos mucho tiempo pensando en lo que pudo ser, o lo que es peor, angustiados por lo que aún no llega.

Con ganas de hacer la vida más compleja podemos suponer que amarnos amerita un gran esfuerzo, cuando en realidad es una cotidianidad que nos debe arropar, abrazar, estimular, es preciso entonces estar empujando siempre hacia nuestra grandeza y el mundo nos devolverá lo grande que somos. Amarnos para amar a otros, que nos amen como nos estamos amando, imagine que el mundo es de los que se aman, por tanto, no existe el maltrato ni el desprecio, imagine que le devuelven la sonrisa porque usted permanece riendo, imagine que se ama tanto, imagine que lo está creyendo, piense que solo vino para amarse y que el mundo le está correspondiendo.