Lloramos para limpiarnos



Lo admito, soy de esas personas que han llorado en muchas situaciones, he llorado de rabia, de tristeza, de impotencia, de pánico, de nostalgia, de melancolía, me he quedado dormida llorando o he terminado riendo después que lloro; adoro esas veces en las que me he reído tanto que se me salen las lágrimas de tanta risa, otras veces, lloro viendo una película que me conmueva o viendo noticias de total desconsuelo, realmente no importa el motivo, pero a mi llorar no me debilita, por el contrario, siempre me fortalece, me abraza, me limpia.

La vida se construye desde adentro hacia afuera, sé que soy reiterativa en esto, pero si limpiamos nuestra casa interna, la despojamos de opresión, suposiciones, emociones reprimidas, nos permitimos llorar todo aquello que lleva dentro de nosotros mucho tiempo, podremos cambiarle la mirada a la vida, ya que es llorando como limpiamos el lagrimal, hidratamos nuestros ojos y liberamos hormonas de bienestar, y aunque nos parezca mentira, llorar es reconfortante y sosegante, provocador de un efecto analgésico, casi abrazador, casi relajante.


Llorar es una respuesta del cuerpo revestida de lo emocional, muchas veces el llanto es solo un detonante, la represa desbordada por nuestros ojos, sentimientos que se derraman a través de una salinidad depurante, es como cuando hace mucho calor y la lluvia refresca la tarde, eso es llorar, una limpieza de alma, una brisa que acaricia nuestro rostro, un abrazo que nos damos, un condolerse y consolarse.

Pero no estoy hablando de un lloriquear ni lagrimeos que llamen la atención o manipulen el entorno, hablo de ese llanto que sale desde el medio del pecho, como si de una fuente se tratara, rompiendo nuestros paradigmas, aniquilando nuestros esquemas.

No nos hemos permitido llorar frente algunas personas, pero tampoco nos permitimos llorar a solas, hemos trasladado esa vergüenza publica a nuestra intimidad y hemos reprimido y dejado de lado un llanto que es esencial llevar a cabo, ¿sabe a dónde se va lo que no hemos llorado? a alojarse en alguna parte de nuestro cuerpo, todo eso que dejamos que entre de alguna forma debe salir, tal cual como gotas de lágrimas, el cuerpo nos va avisando con malestares y agravios lo que aún sigue en nosotros, lo que nos vive molestando.

Las lágrimas riegan algunas zonas áridas del amor, se lloran los problemas, las dificultades, los esfuerzos, los sufrimientos, los errores; y luego de un llorar profundo, recogemos los frutos del entendimiento y el crecimiento interior. Llorar nos brinda la posibilidad de ver los inconvenientes de una manera distinta, una vez que el llanto nos ha relajado, sosegamos la rabia, apaciguamos la ira, desahogamos la frustración, comprendemos la situación, enfrentamos la problemática con una reacción menos enfocada en el fracaso.

Una vez que el llanto ha limpiado la casa, derribamos los conceptos establecidos, dejamos de lado las falsas creencias autodevaluatorias que nos hacen creer que no somos merecedores de muchas cosas, gracias a que llorar nos permite el autoconocimiento si nos permitimos tener un sollozo autoreflexivo.

El llanto nos da la oportunidad de abandonar transitoriamente el miedo, es un mecanismo de defensa donde nos refugiamos para proteger nuestras emociones, las resguardamos tras la vestimenta de unas lágrimas que actúan en nosotros cuando hemos llegado a una situación límite, y es claro que el llanto nos ayuda y reconforta, pero no podemos utilizarlo como una limpieza perenne, ya que si las lágrimas nos inundan, pueden llegar a empaparnos, desampararnos y desorientarnos cuando las utilizamos excesivamente.

Hay que vivir el llanto como una forma de consuelo, y llorar no es necesariamente un indicador de la depresión, ya que hay muchas personas secas emocionalmente que no tienen siquiera fuerza para sollozar, para sentarse a gemirle a la vida de manera sincera. Creemos que los emotivos son los llorones, pero también hay muchas personas emotivas llenas de rabia porque no saben enfrentarse a sus tristezas ni a sus sentimientos extremos.

Muchas veces los hombres no soportan este mundo de lloronas recurrentes, tal vez por esa absurda cultura de que “los hombres no lloran”, las mujeres hemos tenido que llorar por ellos, a quienes desde el hogar les enseñaron a no inmiscuirse en lo doloroso, y por tanto, no enfrentarlo, tenemos una sociedad de analfabetas emocionales poco propensos a conectarse y mucho menos a familiarizarse con la sensibilidad. No por eso los estoy menospreciando, sólo que han reprimido una cantidad de emociones que es importante dejar fluir, yo cambiaría esa frase por una más humana y saludable: “sea hombre y llore”, el mundo está necesitando de gente sana emocionalmente.

¿Cuándo fue la última vez que lloró como si algo se desgarrara en usted? O es que anda huyendo del sufrimiento y no quiere que la lágrima lo alcance, o prefiere meter bajo de la cama todo malestar y esperar a que en las noches le hable por medio de la almohada; la tristeza siempre nos está esperando en alguna esquina de la vida, puede que hoy no quiera abrirle la puerta, pero no por eso ella va a dejar de tocarla, es preferible entonces llorarla a tiempo y no dejar que los lamentos se nos acumulen y nos atrapen en otra etapa de nuestra vida.

Llore con alguien para ser comprendido o llore a solas para consolarse, pero llore lo que sabe que no ha llorado, sienta ese alivio que produce llorar, permita liberar a su sistema nervioso tanta carga emocional, de vez en cuando enfrente a la vida con lágrimas en los ojos, y sepa que desde el vientre materno ya estamos llorando, solo que a nivel social se le ha cambiado la connotación al llorar y se le ha modificado su sentir por el contexto o las relaciones. Llorar es tan normal como reír, aunque muchas veces se ría llorando.