Limpiemos la energía relacional



Piense en todas esas personas que han sido parte de su vida, a las que más ha amado, con las que no ha tenido buena voluntad, con las que se siente agradecido, con las que cree aún le deben algo. Haga un recuento y clasifíquelas por orden de importancia, desde las más significativas, las que lo empujaron a algún logro, las que endurecieron su corazón, las que sembraron ilusiones, hasta las que cosecharon odios y alegrías.

Somos un poco de todo aquello que ha sido parte de nuestra vida, hemos ido recolectando conversaciones, discusiones, caricias y golpes, nos hemos vuelto coleccionistas de relaciones, desde las familiares, amorosas, sociales y laborales, todas se han convertido en energía, podemos adoptar palabras de otros o hacer propios gestos que no nos correspondían, y los trasladamos al trato del recién conocido o hacia alguien que ha estado presente durante toda nuestra vida.

Las relaciones se nos vuelven energía, algunas más arraigadas que otras, algunas más imponentes y compulsivas, nos repetimos en conversaciones que alguna vez ya tuvimos o actuamos como dijimos que no lo haríamos nuevamente. Cuando usted limpia su casa primero la organiza, coloca todo en su lugar para luego quitar el polvo, si queremos limpiar nuestras emociones, es preciso entonces organizar a las personas que marcan su nombre en nuestra historia, verificar quiénes han sido consecuencia, con quiénes reiteramos la energía, a quiénes le debemos la enseñanza, a quién llevamos dentro todavía.

Se trata de leer entre líneas nuestra vida, reflexionar, interpretar, proponer, comprender nuestro mundo y refigurarlo, reconstruirlo e interpretarlo, el lector siempre siente la necesidad de reestablecer y recomponer aquellos pedazos de vida que cree perdidos en el tiempo, así que con el solo hecho de que usted se encuentre aquí frente a estas letras, es porque ha permitido que la postura reflexiva haga parte de su vida.

Es propicio iniciar con cada una de estas personas e ir haciendo un proceso interno, e integrarlas dentro de nosotros, y ubicarlas a cada una en su contexto y cronología, pero sabiendo que no podemos modificar lo ocurrido, por tanto, es en vano hacer repetitivo el pensamiento de que “pudo haber sido de otra forma”, porque desgastamos la energía que nos envuelve actualmente, solo podemos intervenir en cómo ahora viviremos los hechos y cómo los usaremos para limpiarnos por dentro. 

Lo primero que debemos hacer es aceptar lo que nos hicieron y la responsabilidad que tuvimos en esa historia, la cual nos pertenece porque estamos inmersos en ella, hubo personas que quisimos conocer e hicimos todo lo posible por conocerlas y están los que atrajimos por lo que somos o los que vinieron a darnos grandes lecciones de vida. Lo importante es tener la absoluta certeza de que lo malo algo bueno nos trajo, que hay personas a las que hay que agradecerles lo fortalecidos que estamos. Seguir cargando el peso de una historia que termina siendo dueña de nosotros y no nosotros dueños de ella, es sencillamente abrumador.

Cuando se organizan las relaciones y se toman en cuenta las energías, podemos entender que venimos arrastrando creencias que otros se encargaron de infundirnos, estamos hechos por un trascurrir de relaciones, por las parejas que vamos dejando en el camino, pero si nos detenemos un momento y nos damos cuenta que la persona que tenemos al frente se ha convertido en el artífice de retazos de cosas que no pudimos cerrar y nos muestra que lo que ha habido detrás, solo nos está mostrando este nuevo espacio. Es paradójico, pero las personas que nos rompieron el corazón están más presentes que las que nos amaron. 

Me gustaría hiciéramos el siguiente ejercicio, puede tomarse una pausa para hacerlo, clasifique del 1 al 5 las siguientes emociones primarias: miedo, afecto, tristeza, enojo, alegría; y colóquele un 5 a la que predomina en su día a día, y dele un 1 a la que tenga menos importancia para usted dentro de su cotidianidad.

Esa que colocó en el tercer lugar es la que debe sanar, es la que viene dominando su cerebro a través del tiempo, es la que se encuentra alojada en el subconsciente, es la que reitera en sus relaciones, es la que establecemos en nuestro lenguaje corporal.

Este sencillo ejercicio lo hice el sábado en un taller de sexualidad responsable, en el que se conversó sobre inteligencia emocional aplicada a los sexual como biología, psicología, sociedad y ética, y donde se enfatizó en esa limpieza de la casa interna, ya que mantenerla sucia no nos permite progresar ni dejamos progresar a quien nos rodea.

Limpiarnos nos ubica en el centro de nuestro mundo y de quienes estuvimos rodeados durante todo este tiempo, hay personas que creemos olvidadas, pero lo que nos dejó marca pautas en nuestra vida, y vamos repitiéndonos, y en vez de cerrarla, siempre dejamos abierta la herida, creando deudas y haciéndoselas pagar a los próximos que se nos acercan. 

Así que cuando todo esté en su sitio, dejaremos de brincar de trabajo en trabajo, de pareja en pareja, de abrirnos ante aquellas personas que ni siquiera nos consideran como amigos, porque ya sabremos que aquello que nos deja siempre insatisfechos, son pequeñas historias no resueltas que componen la gran historia de nuestra vida.