Hagamos nuestra cada lectura


Lo más difícil de escribir sobre crecimiento personal es ser congruente y aplicar lo escrito a las acciones, integrar lo que se lee en las relaciones, y reaccionar ante la vida como si ya todo estuviese aprendido, ya que se puede tener una muy buena colección de teoría, pero si no lo integramos en nuestro comportamiento diario, se establece una rara sensación permanente de equivocación emocional y afectiva.

Yo escribo para comprender lo que aún no le entiendo a la vida, para despojarme y sanar viejas heridas, para intentar ser cada día la mejor versión de mí misma. Si converso con alguien que estoy deprimida o un poco triste o aturdida de soledad, lo primero que me dice es: “no estás haciendo lo que escribes”; pero es que escribo para no dejarle al alma tanto peso, para dejarme en evidencia ante la mirada de un lector que busca desaforadamente letras que son espejos, palabras que son consuelo.

No vamos a la librería por un libro de autoayuda a preguntarnos si el autor logró o no lo que nos disponemos a leer, no costeamos una obra con la duda de si el escritor lleva una vida plena o si tiene la infelicidad desbordada, nos llevamos algún libro a casa con la esperanza de que algún párrafo, tal vez un capítulo entero, se pare frente a nosotros y nos describa y nos atienda y nos entienda y nos haga saber que alguien también ha padecido como nosotros, sólo que tiene la voluntad de escribirlo y hacerlo notorio.

Quienes han seguido semanalmente cada lectura, podrán conseguir a una escritora que no pretende cambiar al mundo ni imponer directrices ya logradas, sólo es una persona tras un cumulo de letras, derribando emociones viejas, construyendo emociones nuevas.

Es cierto, le he cambiado la mirada a la vida, pero el cambio no ha sido rotundo, el camino sigue siendo aún muy largo y aún queda mucho por escribir. Luego de recorrer estos meses trazando experiencias de vida, mi percepción se ha hecho más aguda, claro que la escritura amerita muchas más lectura, así que me he vuelto más lectora de libros y personas, observadora de las emociones de otros, puedo intuir con el lenguaje si aún lleva abierta la herida que se propinó en algún momento, si el amor propio existe o si se encuentra extinto de él.

También puedo percibir cuando estoy controlando o manipulando, cuando dejo que algo me perturbe, cuando estoy apegada, cuando me cuelgo del recuerdo, cuando me angustio por lo que aún no sucede, cuando reacciono de acuerdo a una dinámica relacional ya establecida; puedo discernir cada sentir y lo hago certeza, y trato por lo posible convertirlo en una emoción más sana, en una emoción que no duela.

Si usted como yo se ha propuesto ser equilibrado emocionalmente, desea limpiar los escombros del pasado, tener relaciones más sanas, inspirar respeto y confianza, encontrarse con su yo y amarse alocadamente, estamos entonces en el camino seguro, pero es importante hacer nuestra la lectura, no creer que lo malo solo le ocurre a otros, que los emotivos son otros, que nada lo perturba, que nadie lo lastima.

Tener la humildad suficiente para decirnos y aceptarnos heridos, vulnerables y susceptibles, es un buen comienzo para emprender el camino del crecimiento personal, y saber que todos tenemos miedo al abandono, a no ser amados, a no ser suficientemente buenos, al rechazo; es por ello que constantemente estamos buscando la aprobación externa porque no hemos sabido establecer una aprobación interna.

Todos tenemos ganas de querer sin heridas, sin reproches ni lamentos, de que la duda no nos arrope, de que el pasado no nos duela, pero este concepto de amor que nos hemos creado lleno de desconfianza y desamor no es el propio ni el adecuado.  Así que no haga estas lecturas sin tener la más mínima intención de verse reflejado en ellas y de subsanar aquello que le ha venido afectando, no lea para leerme, lea para leerse y preguntarse ¿qué soy hoy que antes no era? De ese modo podrá darse cuenta que cada situación nos da la oportunidad de evolucionar, que ya nunca más seremos los de antes, porque hemos descubierto en nosotros personas nuevas.

Si ha tenido la disposición de seguir la secuencia de cada lectura, de apropiarse de alguna, de remarcar algunas líneas, de abrazarse a algún párrafo, o que alguna oración haya tocado un momento de su vida, se ha colocado en la práctica de un usted más constructivo, ya que con el solo hecho de reflexionar, comenzamos a modificar creencias y actitudes mentales, así como también, a tener un concepto de nosotros mismos mucho más fortalecido.