Comenzamos sin sanarnos


Tras la ruptura de una relación amorosa todos quedamos temporalmente aturdidos, algunos desolados y otros angustiados porque la soledad volvió a tocar la puerta. Algunos culminan con desamor, otros forzadamente acaban con despecho, en ambos casos, siempre es importante tomarse un tiempo prudencial para recuperarse y comenzar de nuevo.

Pero sucede que muchos salen corriendo tras la aventura de un nuevo amor, uno de esos que se consigue a la vuelta de la esquina para que la soledad no estorbe tanto, un amor que no es precisamente distinto ni empático y mucho menos con presencia emocional.

Es importante comprender que cuando una relación está en crisis, el otro sólo está mostrando lo mismo que mostramos nosotros, es decir, si estamos llenos de dudas, el otro será dudoso, si nos sentimos inseguros, el otro será inseguro, si estamos indispuestos para el amor, el otro mostrará indisposición de igual forma.

Si usted lo que quiere de una pareja es sinceridad y honestidad, una relación en la que ambos puedan cultivar su creatividad libremente y en la que cada uno asuma la responsabilidad sobre su vida para no acabar culpando al otro ¿cómo debe entonces madurar y evolucionar para convertirse en alguien capaz de atraer a ese otro a su vida? Las cualidades que emprenda son esas virtudes que de otra persona usted atraerá, una fórmula secreta que algunos consiguen en eso que llaman “la pareja ideal”.

Recuperarse siempre implica cambiar viejos hábitos que no nos ayudaban a unirnos con el otro ni a ser mejores personas, cuando realmente sanamos la relación que se fue ocurren tres cosas grandiosas: comenzamos a sentirnos mejor con nosotros mismos, sin la vil tendencia de menospreciarnos, sea lo que sea que haya ocurrido; luego comenzamos a tener mejores pensamientos y hasta llegamos a comprender a los demás, incluso somos capaces de colocarnos en los zapatos de quien nos dejó o a quien decidimos dejar, y llegamos a ver todo con otra perspectiva; y finalmente, los demás comienzan a tener una nueva actitud frente a nuestra mejorada forma de ser.

Pero solemos ser más osados, pretendemos comenzar nuevas relaciones sin una merecida sanación emocional, emprendemos el viaje hacia un nuevo encuentro con aquellos fantasmas aún ocupando nuestras heridas, y menos apropiado aún, aquellos que comienzan en una relación estando en otra, esos que creen que cambian la medalla por el trofeo, esos que no saben que a donde quiera que vayan siempre está su propio amor reflejándose en el otro.

Si lo que a usted le irritaba era lo abusador, lo tacaño, lo vividor, lo poco detallista, lo mentiroso, lo machista, lo irresponsable, lo irreverente, lo celoso, lo perezoso, lo mediocre, lo adicto, o lo que sea que caracterizaba al otro, si usted no lo sana, puede que lo vuelva a encontrar hasta sanarlo. Tal vez por eso nos reiteramos en las mismas esquinas con aquello que detestamos, pero siempre con nuevo rostro.

Invitamos a nuestra vida al mismo tipo de personas o aquellas que nos hagan ver en qué lado de la herida aún estamos tropezando, es por ello que salir corriendo de una relación para entrar en otra, sin siquiera haberle hecho un duelo para poder cerrar el ciclo, tenga por seguro que muchos aspectos negativos se repetirán, o quizá aparezcan luego las emociones dormidas por la pasión y hagan estrago sobre una relación que utilizó para tapar otra.

Mi propósito no es desanimar a los que hicieron el cambio sin haber sanado la herida, pero si su intención es constituir pareja sin repetir los errores del pasado, es preciso entonces conversarlo con su actual consorte y hacerle saber que hay pautas relacionales que se establecieron desde el pasado y que siente es necesario sanar para continuar. Si esta nueva persona tiene apertura para la comprensión, si sabe que su estadía con ese otro en el pasado fue de larga trascendencia, sabrá que usted tendrá, en muchas ocasiones, reacciones y conductas que son de un difícil desarraigo por no haberle dedicado un espacio de olvido.

Comenzar una relación es un encuentro de dos heridas, donde uno no es ajeno a la herida del otro, sea desde la semejanza o desde lo opuesto, ya que todos los seres importantes de nuestra vida siempre están allí mostrándonos lo que no hemos resuelto.

Siempre queremos un amor distinto a los anteriores, uno que no sufra, uno equilibrado y que tenga un proceso afectivo más cómodo, uno de esos condescendientes y amables. Pero si no nos hemos preparado para recibirlo, no es posible la llegada de un ser con tan deslumbrantes cualidades, y si llegase, se iría de inmediato al ver el desorden emocional, la casa llena de grietas, las heridas aún supurando rencores, los recuerdos aún colgados en la pared.

Muchas veces tenemos la mejor disposición para comenzar una relación, pero poco a poco van surgiendo las desavenencias, y con ellas las comparaciones, esas veces en las que le otorgamos un espacio al que se fue dentro de nuestro presente, sin caber y sin merecérselo. Es por ello que limpiar todo vestigio de malos y buenos recuerdos es perfecto para no darle cabida a las añoranzas ni a las nostalgias, justo cuando las cosas no vayan bien con este nuevo ser que abraza nuestras vidas.

Amar al otro desde lo que fuimos o amar al otro desde lo que ahora somos, si no nos gustábamos con quien estuvimos, no repitamos entonces esa persona que no queríamos ser. Renovarnos para amar, reinventarnos para sanar, olvidar para que entren nuevos recuerdos, y como dicen por ahí, cometer nuevos errores y no repetir los viejos.