Sanemos aprendiendo I


Quiero contarles que la semana pasada comencé un seminario denominado “Sana tu alma a través del amor”, cuando este título llegó a mi correo electrónico de inmediato me dije: “tengo que estar allí, tengo que sanar mi alma que está enferma de ansiedad”, así que asistí y me permito traerles hoy lo que hasta ahora ha quedado en mí, ya que el seminario tiene doce sesiones, por lo que tendré más espacios para seguir contándoles.

Cada día me convenzo más que viajé más de mil kilómetros para encontrarme, mi cuerpo estaba en mi ciudad natal, pero mi alma estaba esperándome en esta nueva ciudad donde la vida me ha dado la oportunidad de estar, y este seminario es sin duda una de esas cosas que no pasan por casualidad, sino por causalidad.

El conferencista comienza diciendo que estamos en una universidad que se llama vida y que aquí estamos estudiando una carrera que se llama AMOR, específicamente Amor Propio, y que debemos ver algunas asignaturas, tales como, compasión, aceptación, humildad, respeto, compartir, solidaridad, valoración, apoyo, escuchar, caridad, honestidad, paciencia, entre otras, pero de todas ellas, las más difíciles son cuatro, las cuales muchas veces debemos repetir, incluso con muchas personas, para por fin terminar de aprenderlas y poder graduarnos, esas materias exclusivas son: servicio, fe, perdón, y la más difícil de todas, desapego.

Yo era maravillada con todo lo que allí se dijo, como niña me percaté en algún momento con la boca abierta, como si estuviera descubriendo mi propio mundo a través de la oratoria de aquel señor. Continúa diciendo que los objetivos fundamentales para llevar a cabo este aprendizaje son: aprender, enseñar, dar, guiar, saldar y corregir. Todos conmovidos cuando se recalcaba constantemente que aprendemos perdiendo: a seres queridos, a lo material, a partes de nuestro cuerpo, a los que estuvieron y ya no están, pero que lo único que NO nos quitan es nuestra paz interior, somos nosotros los que nos permitimos perderla con otros.

Algo que también llamó poderosamente mi atención fue lo de ser maestros y alumnos al mismo tiempo, esas personas que forman parte de nuestras vidas, y sobre todo esas que más nos afectan, sólo son maestros de algunas asignaturas aún no aprendidas, y nosotros maestros de ellos, aprendemos y enseñamos con la misma persona, y si allí no nos instruimos de manera correcta, nos toca repetir con alguien más, es por ello que en otras oportunidades he escrito que cuando huimos de los demás, estamos huyendo de nosotros mismos.

También habló sobre una semilla de amor que todos tenemos dentro, la cual es preciso cultivar y cosechar, desprender la maleza y no dejar que otros siembren maleza en nuestro interior. La vida al fin y al cabo nos enseña todo lo que hay que aprender, por las buenas o por las malas, así que la invitación fue a aprender de la mejor manera posible, saber que todos moriremos nos hace tener una vida más llevadera, aunque le parezca ilógico, y curiosamente habló de la muerte como la grandiosa graduación de la vida, pero es un tema en el que se profundizará luego, y del cual seguro les traeré mi percepción.


Salí de ese primer encuentro muy reflexiva, muy pensativa, confirmándome una vez más, que somos felices cuando nos aprueban afuera, sin tomar en cuenta nuestra propia afirmación, y cuando ese afuera no nos dice lo grandioso que somos, algo interno se desploma, y vamos por el mundo suplicando un amor que no nos estamos dando.

Todos perdemos a alguien o algo, pero siempre nos duele más el alguien que el algo. Y cuando ese alguien decide irse para emprender el camino que le corresponde seguir, tenemos la osadía de llamarle a eso “abandono”, y nos llenamos el rencor con esa palabra, y nos perturbamos porque le dimos a alguien el peso de nuestra felicidad y se fue sin devolvérnosla, y terminamos dándonos cuenta que el abandono era propio, que ese alguien estaba de paso, y que fuimos el camino por el cual caminó. 

Fui a ese seminario como si estuviese yendo a un consultorio médico, tomada de mano con la esperanza, aferrada a la idea de que mi alma encontrará el camino para sanarse, pero debo hacerlo aprendiendo, y este escribir para soltar -espero esté significando lo mismo para ustedes al leer para soltar-, se ha convertido en una verdadera limpieza emocional, y solo sé que si esto me satisface, es porque voy por el camino que mi alma quiere recorrer.

En una próxima lectura quiero detenerme un poco en lo que vaya aprendiendo, de modo que si el fin es sanar, espero vayan sanando conmigo y a mi lado, tocaremos esas asignaturas donde más nos ha costado aprender, donde nos hemos repetido varias veces, donde hemos perdido sin habernos percatado lo tanto que hemos aprendido, donde pareciera que la vida nos colocara en las mismas situaciones pero en lugares distintos, donde aún no hemos confiado, perdonado, y sobre todo, donde aún seguimos apegados.