Sanemos aprendiendo II



La lectura de esta semana le da continuidad a la de Sanemos aprendiendo I, donde les contaba que todos estamos estudiando esta carrera que se llama Amor Propio, y en la que hemos repetido incesantemente las materias del Perdón y el Desapego, sin poder lograr la más alta calificación en cada una de ellas, así que hoy quiero tocar varios temas que he adquirido en el seminario "Sana tu alma a través del amor", donde el Conferencista Gabriel Calle ha llevado un maravilloso discurso de crecimiento y reflexión, del cual les traigo esta semana sus palabras a partir de mi interpretación.

Todos nos hemos encontrado frente a frente con la palabra Odio, algunos la esquivamos y afirmamos que ese sentimiento tan ruin no es parte de nuestras vidas, que tan sólo alojamos pequeñas rabias, uno que otro rencor, insignificantes resentimientos, alguna furia, puede que una ira ya añeja, tal vez un detestar a alguien, o quizás un simple coraje, pero ¿odio? Aseguramos constantemente que no, y sin darnos cuenta, llevamos callada y subterránea una venganza que en algún momento se llevará a cabo, esa espinita que no es odio propiamente, sino una de sus categorías que se instalan en nuestro sentir. Y sin importar que nombre lleve su odio, cualquier denominación siempre contaminará su campo energético.


¿Cuándo fue la última vez que duró más de dos días sin bañarse? Sin siquiera cepillarse los dientes, de seguro se sintió incomodo, mal oliente, desagradable y con ganas de entrar en un baño urgentemente a quitarse el hedor; ahora le pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que limpió su alma? ¿Cuándo se sumergió en usted mismo(a) para buscar lo que duele y sacarlo? De seguro el conteo no sobrepasa los dedos de una mano. Invertimos mucho dinero en peluquerías, spas, productos de belleza, pero son pocas las veces que una terapia de perdón o de duelo se han convertido en parte de nuestras experiencias. Hace mucho tiempo que no hemos limpiado el alma, hace mucho tiempo que llevamos a cuestas ese mal olor, aunque para algunos es un profundo hedor, un putrefacto odio y emociones no sanadas que año tras año van arrastrando por este caminar que llamamos vida.

En este seminario se han tocado infinidades de temas, tales como ley de causa y efecto, del dinero como la representación de nuestros talentos, indicios de supuestas vidas pasadas, el problema de semántica que existe entre las palabras resurrección y reencarnación, violencia y desamor, entre otros. También se ha hablado de karma y dharma, no como antónimos, sino como oportunidades positivas para aprender, aunque se hizo la aclaratoria que el dharma son aquellos dones espirituales que hacen que los karmas sean más suaves o llevaderos.

Pero el que más se ha quedado en mí es el tema de la muerte. Es curioso como en nuestra cultura no nos enseñan a morir, vivimos en un planeta donde se aprende a partir de la violencia, sabemos mejor arrastrar odios y culpas que a desapegarnos y sanar. El conferencista habla de la muerte física con tanta naturalidad, la define como un proceso completamente normal, tan normal como nacer, crecer o respirar, y ha hecho de la muerte un tema menos controversial y más digerible. Sustenta su discurso en la hipnosis clínica que ha hecho a cientos de pacientes, donde todos hablan maravillas de la muerte. Y tal cual como ocurre en las películas, el cuerpo flota, sienten paz y tranquilidad, pueden movilizarse con mucha facilidad, logran escuchar todo lo que dicen los vivos, recogen sus energías antes de irse, ven una luz o una guía espiritual, y sucios o limpios de igual forma los recibe la luz. Todos tienen el albedrío de entrar o no a la luminosidad, y aquellos que deciden no entrar, se quedan en un estado que se llama tinieblas. Es por ello que los ritos de las religiones son sumamente importantes para ayudar al espíritu a trascender, ya que no sigue siendo parte del mundo de los encarnados y con la oración hay que ayudarlos a partir.

En eso que nosotros llamamos muerte, pero que el conferencista se refiere a un tan sólo dejar el cuerpo físico y trascender, no existe el tiempo ni el espacio, o al menos no ese tiempo y espacio que conocemos en esta vida terrenal, lo que para un espíritu podría significar algunos minutos, en este plano ya podrían haber transcurrido casi cien años.

Ha hablado de cielo e infierno como estados del alma, como miedos impuestos por las religiones para el supuesto buen comportamiento que debemos tener en este plano terrenal según sus exigencias, incluso ha comentado sobre las tergiversaciones que han hecho las escrituras con relación a ciertos conceptos, por ejemplo, infierno que en hebreo es Gehena, el antiguo basurero de Judea donde se quemaba la basura, tal como ocurre hoy día, sitio que Jesús utilizó en una de sus parábolas para referirse a la quema de culpas al momento del juzgamiento o balance de la vida que dejamos, ésta que pasó del hebreo al griego y del griego al latín, se ha convertido en una terrible palabra, donde la mayoría tiene la certeza de que irá, luego de estos “placenteros” días terrenales.

También habló de alma cuando la energía se encuentra dentro del cuerpo, y espíritu cuando la energía se encuentra fuera del cuerpo. Nos conversó luego sobre los distintos tipos de muertes: muertes preparadas, muertes provocadas por Dios, muertes provocadas por humanos, muertes por compensación. Sus palabras quieren lograr en nosotros ese quitar la mentalidad de que la muerte es un castigo, ya que fallecer es un premio, es una graduación, es un volver a Dios, aunque las ataduras del cuerpo nos impidan partir y reencontrarnos con él.

Es mucha información la que he recibido hasta el momento, sólo puedo decirles que dos veces a la semana salgo de allí pensativa y llena de muchas palabras importantes. Puede que haga una tercera parte de sanemos aprendiendo, tal vez con una profundización sobre el duelo o con el tema de la enfermedad como sanación para el alma, o tal vez ambas, pero lo que si tengo muy certera es una merecida terapia del perdón que de seguro me regalaré, una limpieza de alma urgente que mi espíritu pide a gritos.