Aprendamos a soltar



Estamos siempre culpando el afuera porque no somos felices adentro, queremos que los otros cambien para poder ser felices, pero ¿qué tal si somos nosotros los que cambiamos primero? Si el cambio es nuestro, allí sí tendríamos la grandiosa posibilidad de ser felices. No es responsabilidad cuando queremos que el afuera cambie, aquello que elegimos a cada momento es sólo nuestra responsabilidad, y si creemos que algo externo nos está afectando tan profundamente, tenemos la obligación de salvarnos emocionalmente, pero preferimos el quejarnos, a ver cómo todo se desploma en nuestras narices, y pasa que nunca se trata del afuera, siempre es nuestra propia elección, así que es bueno preguntarnos ¿qué estamos eligiendo en este momento? Ya que todo aquello que nos afecta es porque hemos permitido que nos afectara, que se quedara a vivir en nosotros desde la perspectiva del drama y no desde el ángulo del crecimiento.

Volvamos la mirada a ese amar sufriendo al que hice referencia hace pocas semanas, esa extraña sensación de que si perdemos algo de lo externo dejaremos de existir, pero cuántas cosas y personas hemos perdido y aún así seguimos existiendo, y lo peor de todo, es que siempre proyectamos eso en alguien que es incapaz de devolvernos el amor que estamos esperando, creando en nosotros la reiterada incógnita de ¿por qué amamos y no nos devuelven el amor que estamos dando? porque no estamos dando en realidad, estamos apegados a aquello que creemos nos trae dicha, sin saber hacernos dichosos primero. Cada apego es una necesidad externa de amor, y hay una sola manera de sanarlo, apuntando el dedo de regreso a nosotros, sabiendo que eso que está afuera, también está en mí, y debemos resolverlo adentro primero, ya que cuando el vacío es interno, el apego es externo.

Cuando soltamos el control al apego y al miedo ¿qué es lo que encontramos? paz y dicha, pero interna, que nada tiene que ver con lo externo. Cuando tenemos una pareja, llevamos nuestro amor hacia esa pareja sin la necesidad de tomar ese amor que nos ofrece de vuelta como si lo estuviéramos arrebatando, extirpando, porque si es así, allí no estaríamos amando, solo nos estamos apegando y creyendo que amamos con el apego aferrado. La necesidad de tener siempre la razón o el miedo al abandono son las principales avenidas de la vida que nos llevan a la calle del apego. Por tanto, soltar es tener una apertura con la vida, es la disposición a cambiar sin esperar el cambio del otro, es dejar ir lo que nos afecta, es cambiarle la mirada a lo que nos perturba y sosegarlo en nosotros, y si cambia adentro, créanme, cambiará afuera.

Ese desprendimiento que significa soltar, esa emocionalidad que ya nos sobra y que en nada se parece a lo que estamos viviendo, desistir de lo que nos viene lastimando, de sabernos transitorios y vivir con la garantía de que hoy nos aman con la misma intensidad con la que mañana nos pueden dejar de amar, pero no por ello sufrir por adelantado, sino amarnos con la certeza del desapego aunque estemos tomados de la mano.

Pero ocurre que todo acto emocional siempre lo vamos dejando para luego: luego lloro esta tristeza, luego decido perdonar, luego me limpio la herida, luego supero la rabia, luego empaco la confianza, luego me quito la culpa, luego el orgullo se va. Ese dejar para después lo que podemos hacer en este mismo momento, como si nos alcanzara la vida para disculparnos luego y comenzar a ciertas edades donde ya debíamos terminar. Como si amar a destiempo nos hubiera compensado todas las veces en las que no nos permitimos amar. Como si acaparar hubiese sido más satisfactorio que compartir antes de que llegara la temida soledad.

Realmente no nos sobra tiempo, nos faltan ganas para emprender el viaje hacia adentro y encontrar nuestros mayores sufrimientos y convertirlos en nuestros mejores aprendizajes. No importa si la dieta la comienza el próximo lunes, lo que debe comenzar desde ya es la dieta emocional, propóngase, tal como si estuviese vaciando el armario de ropa vieja, el despojarse de todos aquellos sentimientos que ya no le hagan falta: rabias, rencores, resentimientos, todos innecesarios y tan fuera de lugar para este tiempo.

Haga espacio para la oración, compre emociones nuevas, haga que este año sea el de los nuevos sentires, una nueva ilusión, al menos un proyecto que emprenda con la certeza y la satisfacción que ya es suyo, es nuestro. Llene la vida de nuevos olores, cambie las cortinas de los pensamientos, desaloje a los que ya se fueron y usted todavía lleva adentro. Compre flores, atrévase a vestir de otro color, diga que ama a quien ama, abrace a quien quiera abrazar, utilice la palabra “gracias”, perdone a quien haya que perdonar.

Comience ya, no lo deje para luego, la vida es muy corta como para que el orgullo sea tan largo, la vida es sencilla y la vivimos complicando. No ame a quien no se deja amar, ame a quien lo está aguardando. Realmente no hay tantas oportunidades, hay pocas, algunas ya se fueron, pero las seguimos esperando, algunas están frente a nosotros, pero no logramos verlas. Sea capaz de culminar esta lectura y de dar paso a que lo interno florezca, saque ya mismo algo que no necesita, dígale al temor que ya no vuelva. No empuje, solo suelte, suele pasar que cuando empujamos, realmente estamos halando hacia adentro. Y no deje de llevar con usted ese bálsamo maravilloso que nos ayuda siempre a sosegar el dolor, esa lágrima preciada que muchas veces no soltamos, pero es grandiosa para limpiar el alma, es alivio para el corazón.