Hablemos de felicidad


Todos hemos pasado por momentos difíciles en la vida, esos espacios de nuestra existencia que parecen interminables, donde vemos la “eterna” felicidad de otros y pareciera que muy pocos se percataran de nuestra tristeza, y cuando es nuestro el turno de estar aliviados e impregnados de dicha, el sufrir de otros suele pasar desapercibido ante nuestros ojos, y justo es allí cuando muchos comienzan a notar nuestra abrumadora alegría, nuestra desesperante sonrisa. Parece que en un mundo donde la violencia cada día juega un rol determinante, el estar contentos perturbara a los que nos rodean, pareciera que la felicidad es exclusiva, y cuando la tenemos, nos critican por tenerla.
El concepto de felicidad es muy subjetivo y no aplica para todas las épocas, y lo más probable es que la felicidad de algunos signifique la desesperanza de otros, el padecer de aquellos que no comparten la concepción de lo que a ti felicidad te parezca. Así que cuando nos toca estar en el lado del temporal de la tristeza, en ese tiempo en el que nadie nota nuestras lágrimas, o tal vez huyen para no tener que verlas, pasamos inadvertidos para algunos que se encuentran justo en la temporada de las cosas buenas. Y es como un juego de roles, pareciera que nos turnáramos, y mientras unos la pasan bien, otros se encargan de llorarle a la vida el disgusto y el tormento de las cosas no tan buenas.

Tanto tú como yo, hemos sido tan felices y tan tristes, dependiendo de cómo hayan quedado marcadas las huellas. Pero justo en este momento ¿en qué lugar te encuentras? ¿en el bando de los desdichados o en la etapa dichosa y plena? En ambos casos, te tengo buenas y malas noticias, todo lo que ocurre es pasajero y la vida siempre es aprovechable, tanto para el disfrute como para la pena, todo depende de tu actitud y del empeño que le pongas para conservar la ventura o la condena.

La felicidad está estrechamente vinculada con la integralidad entre el espíritu y las sensaciones corporales, ambas representan calidad de vida y juntas llevan a cabo los actos agradables que componen el ser felices. Nadie puede asegurar con propiedad que siempre ha sido feliz o infeliz, lo poco permanente que es la felicidad y ese afán que tenemos todos de acumular momentos felices, muchas veces nos deja del lado del padecimiento por ir tras de una felicidad que nunca conseguimos, pero cuando en realidad somos gratamente felices, nos saboteamos el buen momento con cada pensamiento que nos vive advirtiendo “esto pronto se acabará, la felicidad no es tan perpetua”, así que procuramos no ser tan culpablemente felices para que dure más, cuando lo que realmente hacemos que dure menos.

Esos que parecen ser felices sin colocar a la felicidad como propósito de vida, esos que gritan a los cuatro vientos lo venturosos que son y ni siquiera saben lo que es la adversidad ni el infortunio, esos que siempre están bien y que nada les afecta, esos que para nada lloran y encuentran en la practicidad una genial salida, esos que no ven problemas en ninguna parte y la emocionalidad no los derrumba ni desanima. Puede que este tipo de personas sean sólo temerosas de la tristeza y no les guste sentirse invadidos de agobios ni angustias, y se paran frente a la vida con una actitud de júbilo como muralla que nunca los derriba. 

El que es siempre feliz, cuando está triste, la vida le parece insostenible, así que nadan desesperadamente hacia la felicidad y llegan a ella agotados por alcanzarla, sin detenerse a padecer un poco, sin permitirse llorar un rato, creyendo que la felicidad hay que recuperarla pronto y la dificultad no es tomada en cuenta como un contraste que es importante vivirlo para que el bienestar tenga un verdadero valor luego de conseguirlo. Este tipo de personas toman distancia de las emociones para que no se acerquen y no les cuenten lo que no quieren escuchar.

Tal vez la felicidad para ti sea andar el camino, y para mí, tomar el atajo. Unos son felices riendo, otros lo son llorando. Para algunos la tristeza es un estilo de vida, incluso llegándola a ver como una emoción tan auténtica como lo es la felicidad, mientras que para otros, el triste es considerado un absurdo aburrimiento de la sociedad. La alegría se comprende en nuestros días como un apego al placer y no como un disfrute temporal, que sabemos no es permanente, pero que logramos aprovechar.

Esos que instalan su felicidad sobre la tristeza de otros ¿cuánto creen que les dure la satisfacción? El infortunio de algunos no se debe convertir en la dicha ajena, así que si piensas que la felicidad está en el afuera, déjame decirte que la estás buscando donde no se encuentra. 

A mi modo de ver, la verdadera felicidad es sinónimo de paz, una paz que llega a nosotros a través de un camino llamado sufrimiento, un camino que se debió haber caminado a paso lento, un camino poco apresurado que nos ha permitido asimilar las emociones más sombrías que no llevan tiempo, un camino que de vez en cuando nos conducirá a momentos súbitos y fugaces por senderos de tranquilidad y esparcimiento, donde la armonía interna nunca se perderá de vista y nada de lo externo abruma, donde a partir de esa paz se mirará siempre la belleza absoluta de la comprensión. Y para ti ¿qué es felicidad?