Somos el espejo del otro


Hay personas con las que tenemos mayor empatía que con otras, personas con las que nos identificamos, personas con las que coincidimos en gustos y placeres, y personas cuya coincidencia se vuelca hacia lo que no nos gusta y detestamos, en ambos casos, somos espejos de esas personas que nos agradan y de esas que aborrecemos, lo que está en el afuera, así sea algo que para nada sea de nuestro agrado, nos refleja. Todas las personas que nos rodean, y sobre todo, todas aquellas con las que mejor nos emparentamos, nos están mostrando constantemente cómo nos estamos amando.

Todo nos está reflejando, todo lo que está en el afuera somos nosotros, desde lo que realmente somos, hasta lo que vivimos negando, cuando creemos que en nada nos parecemos, pero ocurre que siempre llama poderosamente nuestra atención, eso somos. Si nos diéramos cuenta que el afuera nos dice todo el tiempo que así somos por dentro, cambiaría nuestra perspectiva y el afuera comenzaría a cambiar a la manera cómo vamos cambiando lo interno.

Nos hemos perdido en esa connotación de amar dándole a otros el amor que nos gustaría estar recibiendo de ellos, en vez de volcar ese amor hacia adentro y comenzar a dárnoslo desbocadamente a nosotros primero. Si dejáramos de buscar la dicha en el afuera, si dejáramos de encerrarnos en la libertad del otro, si tan sólo supiéramos que lo que nos molesta del otro está en alguna parte de nosotros y dejáramos que se fuera, si comprendiéramos que aquello que vivimos juzgando nos está proyectando aquellos aspectos nuestros que no sabemos cómo amarlos, que no nos estamos aceptando, pero preferimos separarnos de eso que somos y que no toleramos, lo dejamos sobre otros y lo vivimos criticando.

Lo que rechazamos, lo que nos irrita, lo que nos molesta, son partes nuestras que no estamos dispuestos a ver. Por ejemplo, cuando la impuntualidad de los demás te vive acosando, cuando llegas a tiempo y quienes te importan llegan siempre a destiempo, te están haciendo saber lo mucho que te estás incumpliendo, lo impuntual que estás siendo con tu vida, lo constante que te vives posponiendo, lo acostumbrado que ha llegado a ser el postergarse en tu día a día.

Cuando buscamos una relación de pareja para mitigar la inseguridad que siempre nos acosa en soledad, pero ocurre que esa inseguridad suele más bien agudizarse cuando se está en pareja, es otra forma de vernos reflejados. Cuando nos sentimos inseguros tendemos a comportarnos de manera poco constructiva, controlando al otro porque no está amando lo que nosotros tampoco estamos amando. Eso de lo que siempre estamos hablando y lo hemos convertido en queja, eso que se ha vuelto víctima de nuestra crítica, eso somos, pero lo estamos negando. 

Ese país que no está funcionando y donde nadie está colaborando, es un país que somos nosotros, no son los demás, somos nosotros, nos comemos la luz del semáforo, botamos basura en la calle, ya no somos cordiales ni amables porque tendríamos que saludar a personas que forman parte de un país que creemos no somos nosotros, pero sí lo somos, y nos vive reflejando, proyectando nuestras acciones, haciéndonos ver que eso somos y no hacemos nada para mejorarlo. Un país es nuestra vida y la verdad de nuestras vidas, y sobre la vida de otros que también son como nosotros.

Todos formamos parte de un mismo planeta, todos estamos aquí visibles para algunos, invisibles para otros, sobre todo para aquellos que utilizan el ignorar como parte de una rabia que la vuelven silente, actuando como si el otro no estuviera y su presencia no tuviese significado alguno, violando entonces un derecho que tenemos todos de hacernos ver, hacernos respetar y ser tomados en cuenta, para ser incluidos dentro de lo excluyente de otros; ésta es otra forma de vernos reflejados en el silencio de quien nos vive ignorando, ya que hay indiferencias aplastantes que nos viven gritando las tantas veces que nos hemos dejado de lado.

Tal vez te parezca insólito, pero nos vamos transformando en aquello que vivimos rechazando, y muchas veces nuestra pareja o nuestros hijos nos lo viven mostrando, las personas que más amamos son el espejo perfecto de lo que más amamos de nosotros, pero también de lo que más nos odiamos. Puede que no te dés cuenta, pero lo que decide obviar de tu vida, alguien que te importa te lo hace notar con frecuencia, pero resulta más fácil criticarlo que buscarlo adentro y remediarlo. Si tratamos de cambiar lo de afuera para resolver nuestro descontento, nada estamos haciendo. Si la solución es cambiar constantemente de pareja para que nuestra imagen no nos persiga, cada persona con la que nos topamos será siempre un espejo donde nos estemos mirando, así que no hullas de ti, ya que cada persona que toca nuestras vidas, son personas que tan sólo nos viven reflejando.

Todos nos mostramos en la vida de todos, pero aquellas personas que pasan desapercibidas por nuestros caminos, simplemente, no nos están reflejando, así que cuando pensamos porqué el comportamiento de alguien nos importa y el de otros no, es que somos espejos de lo interno de quien nos importa, y ellos, el espejo del recóndito nuestro. Suena fácil, pero es muy complejo, si volviéramos a casa, tal como lo sugerí hace pocas semanas, sería más comprensible eso de ser el espejo de otro y eso de que alguien refleje lo que llevamos muy adentro, ya que cuando nos conocemos, nos volvemos más perceptivos con lo que cada quien va mostrando y es más fácil para nosotros verlo.

Si queremos que la vida comience a reflejar cosas buenas de nosotros, debemos comenzar a revisar nuestra madurez emocional, responsabilidad y compromiso con aquellos que nos rodean. Si alguien no nos da la atención que queremos, revisemos que poco nos estamos atendiendo. Si alguien no nos está amando como queremos, revisemos lo poco que nos estamos amando. Si alguien no nos está respetando como queremos, revisemos lo poco que nos estamos respetando. Si alguien nos está reteniendo, revisemos lo muy alejados que estamos de nosotros, lo que no hemos perdonado y lo que no hemos soltado, así comenzaremos a vislumbrar una libertad que no nos estamos permitiendo.

En otras ocasiones, los seres que amamos nos viven manifestando, a través de lo que nos ofusca, aquellas heridas que no hemos sanado, aquello que todavía nos sigue doliendo y que no hemos sabido cerrar, así que estas personas actúan como agentes que no podemos obviar y mueven circunstancias, donde nos muestran lo mismo que estamos mostrando, donde nada es diferente a nosotros, donde todo se vuelve un acierto para retornarnos y encontrarnos en un camino donde estamos dispersos. Pero sólo sabemos controlar y manipular a partir de nuestras inseguridades, sin detenernos a esculcar en la grandeza del otro, para poder entonces vernos reflejados en el espejo de nuestra propia grandeza.